En medio de un escenario tenso, la presidenta mexicana ha enfrentado la compleja relación con su homólogo estadounidense un día a la vez, apostando por el diálogo directo, la firmeza diplomática y la defensa de la soberanía. Desde el regreso del republicano a la Casa Blanca, la mandataria ha respondido con cabeza fría ante amenazas migratorias, arancelarias y militares
Redacción Más
La relación entre la presidenta Claudia Sheinbaum y su homólogo estadounidense Donald Trump ha sido uno de los ejes más desafiantes del actual sexenio, marcado por tensiones constantes desde que el republicano volvió a la Casa Blanca en enero de 2025. A lo largo de un año de altibajos diplomáticos, la mandataria mexicana ha apostado por una estrategia basada en la prudencia, el diálogo permanente y una defensa firme de la soberanía nacional, una postura que ella misma resume con la frase: “No es un asunto de hoy y ya”.
De acuerdo con una crónica publicada por El País, el retorno de Trump obligó al Gobierno mexicano a reconfigurar buena parte de su agenda, desde el Plan Nacional de Desarrollo hasta el enfoque en política exterior, seguridad y economía. Los posicionamientos agresivos del mandatario estadounidense sobre migración, narcotráfico, comercio y la amenaza de una intervención militar en territorio mexicano han sido constantes. En respuesta, Sheinbaum ha mantenido una política de cabeza fría, diálogo diplomático y movilización popular como respaldo.
Desde su primera reacción tras la reelección de Trump, Sheinbaum adoptó un tono tranquilizador, insistiendo en que México seguiría siendo un país libre, independiente y soberano. La presidenta no tardó en establecer contacto directo con su homólogo, con quien ha sostenido más de una decena de llamadas telefónicas para atender crisis derivadas de declaraciones o medidas unilaterales de Washington. Una de las más tensas ocurrió en enero de 2025, cuando Trump reinstaló el programa Quédate en México, impuso aranceles y declaró emergencia en la frontera. Frente a ello, Sheinbaum respondió con serenidad y movilizó a su gabinete y base política en defensa del país.



A lo largo del año, la presidenta ha defendido cuatro principios en su trato con Estados Unidos: respeto a la soberanía, responsabilidad compartida, cooperación sin subordinación y confianza mutua. El manejo de la relación con Trump se ha convertido incluso en uno de los aspectos más respaldados de su gobierno, con niveles de aprobación que han superado el 74% de manera sostenida y alcanzaron el 83% en mayo, tras lograr una pausa en la imposición de aranceles a productos mexicanos.
Las confrontaciones no han cesado. En diciembre, la presidenta condenó la incursión militar de Estados Unidos en Venezuela y, semanas después, debió enfrentar nuevas amenazas verbales de Trump sobre una posible intervención en México. La más reciente de estas tensiones se resolvió el 12 de enero mediante una nueva llamada entre ambos mandatarios, tras varios días de declaraciones en tono beligerante por parte del presidente estadounidense.
A pesar de los elogios personales que Trump ha dedicado ocasionalmente a Sheinbaum –la ha calificado como “inteligente” y “amable” –, también ha insistido en acusar al gobierno mexicano de no tener control sobre los cárteles. “Ella no controla México, los cárteles lo hacen”, ha dicho en reiteradas ocasiones. No obstante, Sheinbaum ha respondido con acciones concretas, como el aumento de decomisos, detenciones y el fortalecimiento de la seguridad en la frontera sur.

El momento más simbólico del año se dio en diciembre durante el sorteo del Mundial 2026 en Washington, donde Sheinbaum y Trump se encontraron por primera vez cara a cara. El encuentro fue calificado como cordial por ambos gobiernos, y se aprovechó para afianzar el compromiso de revisar el T-MEC el mismo año del torneo. Sin embargo, la tregua duró poco.
Hoy, con el primer aniversario del segundo mandato de Trump en el horizonte, la presidenta mexicana no descarta convocar nuevamente al respaldo popular si la situación lo amerita. “Si es necesario llamar a una movilización, lo vamos a hacer”, ha afirmado, dejando claro que su estrategia combina diplomacia y firmeza, paciencia y acción política. Frente a un interlocutor volátil como Trump, Sheinbaum ha optado por la serenidad y la resistencia institucional.
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