Aunque en Manifestación de Impacto Ambiental se reconocer que nuevo proyecto turístico en Cozumel provocará afectaciones acumulativas e irreversibles en manglares, selva y fauna protegida, ya se promociona como un paraíso exclusivo
Redacción Más
A pesar de reconocer 15 afectaciones ambientales derivadas de su nuevo desarrollo turístico, la empresa Royal Caribbean promueve ya el Royal Beach Club Cozumel como un paraíso tropical exclusivo.
En la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) presentada ante la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), la empresa admite que 12 de esos impactos serán acumulativos e irreversibles, afectando selvas, manglares, fauna nativa e incluso cuerpos de agua subterráneos. No obstante, sostiene que el proyecto no generará alteraciones críticas o significativas en el ecosistema local.
Según Animal Político, que tuvo acceso al documento de evaluación ambiental, en la MIA se detalla que, tan solo durante la etapa de preparación del sitio, se contempla el desmonte de selva mediana subperennifolia, la afectación a manglares, y la necesidad de ahuyentar o reubicar fauna silvestre protegida por la NOM-059-SEMARNAT-2010, que incluye especies endémicas en situación de riesgo. Además, en el documento se identifican seis impactos ambientales severos que no podrán revertirse de manera natural.
Aunque el documento reconoce esos impactos severos, la empresa asegura que el proyecto es viable desde el punto de vista medioambiental y que todos los efectos serán evitados, mitigados o compensados mediante planes de restauración. Así lo afirmó Ailyn Ríos, supervisora de cuentas en Weber Shandwick –la agencia de relaciones públicas de Royal Caribbean–, quien también señaló que el proyecto no implica una pérdida de acceso público a las playas y que operará bajo estricto apego a la normativa federal.
En total, el Royal Beach Club Cozumel afectará una superficie de 17.42 hectáreas, ubicadas en una zona considerada ya intervenida por la empresa, donde actualmente opera el Playa Mia Beach Club. De esta superficie, 14.756 hectáreas corresponden a vegetación secundaria arbórea de selva mediana subperennifolia, y 2.664 a zona marina, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Los impactos ambientales han sido clasificados por etapas: preparación, construcción, operación y mantenimiento. Entre los daños identificados están la modificación de la calidad del aire, del confort sonoro, de la calidad del agua subterránea (salobre), del suelo y de la infiltración del terreno. También se prevé una mayor susceptibilidad a la erosión y una disminución significativa en la cobertura vegetal, así como pérdida de especies vegetales listadas en la norma oficial y reducción del hábitat de fauna silvestre.
Particularmente graves son las afectaciones al manglar, uno de los ecosistemas más protegidos y esenciales para la regulación del clima y la vida marina. La MIA detalla que en las fases de construcción, operación y mantenimiento del club de playa, se provocará la disminución de la cobertura vegetal costera y daño a individuos de mangle, lo que representa un impacto severo y permanente. Según el mismo documento, estos daños no podrán revertirse de forma natural y requerirán acciones compensatorias que, incluso, podrían no restaurar completamente el equilibrio ecológico original.
En el documento, la empresa argumenta que los efectos negativos serán puntuales, de baja intensidad y reversibles, y que se implementará un plan de conservación ambiental. Sin embargo, también admite que los impactos moderados modificarán componentes ambientales importantes, aunque se insiste en que no pondrán en riesgo los procesos ecosistémicos, siempre y cuando se apliquen las medidas de mitigación propuestas.
De manera preocupante, la empresa también identifica 12 impactos acumulativos, lo cual implica que los daños se intensificarán al interactuar con otras actividades humanas pasadas o presentes. Estos efectos abarcan la contaminación del aire por partículas y emisiones, deterioro de la calidad del agua subterránea por residuos líquidos, contaminación de humedales, y afectación al suelo por residuos sólidos y aguas residuales. La flora y fauna locales también sufrirán por la fragmentación de hábitats, pérdida de biodiversidad y reducción del paisaje natural.
En el ámbito visual, el documento menciona alteraciones acumulativas al paisaje costero, reduciendo su calidad visual y el estado natural de la zona. Royal Caribbean defiende que, aunque se trata de un proyecto privado, este no implica una privatización total de Playa Mia. Asegura que el club estará abierto tanto a cruceristas como al público en general, y que sus instalaciones –como palapas y estructuras recreativas– serán semipermanentes y desmontables.
Aun sin contar con la autorización oficial de Semarnat, Royal Caribbean ya promueve en su sitio web la experiencia del Royal Beach Club Cozumel, invitando a turistas a disfrutar de un día de playa audaz con sistema todo incluido. En su campaña promocional hace énfasis en la exclusividad, señalando que quienes reserven tendrán acceso a alimentos, bebidas y entretenimiento sin costo adicional. Incluso se ofrece una lista de espera para quienes deseen ser notificados sobre las fechas de apertura y reservaciones.
La promoción anticipada del proyecto ha generado inquietud en la ciudadanía, que teme la privatización de uno de los espacios costeros más emblemáticos de la isla. Diversas organizaciones, activistas y ciudadanos han llamado a firmar una petición para exigir a la Semarnat que no autorice el Royal Beach Club Cozumel. El llamado también fue extendido al gobierno estatal de Quintana Roo, al gobierno municipal de Cozumel y a la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo, a fin de evitar la destrucción de los ecosistemas locales.
Ailyn Ríos, en representación de la naviera, señaló que el capítulo IV de la MIA contempla un plan robusto de mitigación, restauración y conservación, y reiteró que el acceso a la playa será público y legal. También destacó que obtener una concesión federal en Zona Federal Marítimo-Terrestre no implica una privatización en sentido estricto, pues el documento señala que el club estará disponible para visitantes y no de uso exclusivo.
No obstante, expertos y organizaciones ambientales advierten que, más allá de los argumentos jurídicos, el modelo turístico planteado refuerza una lógica extractiva de los recursos naturales que pone en riesgo la biodiversidad, el equilibrio ecológico y el derecho de las comunidades locales a disfrutar de sus playas. En un momento en que se requieren medidas urgentes para la conservación del medio ambiente, el Royal Beach Club Cozumel se perfila como un proyecto que podría destruir, en nombre del turismo, uno de los últimos paraísos naturales del Caribe mexicano.
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La corrupción en alto grado igualita que el tren maya y la tranza asesina del tren interoceanico.