Por Horacio Cárdenas Zardoni
Estaba su servidor muy quitado de la pena en estos días de descanso forzado, cuando sonó el teléfono. No el celular, que trae uno colgado siempre como un cencerro, y que responde uno de manera poco menos que automática, sino el fijo, y eso sí que era una sorpresa.
Porque la verdad es que en mi casa, como en la de la mayoría de las personas en esta época de comunicaciones cada vez más fáciles, el teléfono fijo se ha convertido, no en adorno, ojalá lo pudiera ser pero nada le quita la imagen eminentemente utilitaria, tampoco precisamente en un estorbo, pues por lo general está allí desde hace años o décadas, reminiscencia de cuando era un aparato indispensable para todos, total que es un algo que no vemos, no notamos, y que de repente como en este caso, suena, recordándonos su existencia y que todavía sirve.
Cómo tanta otra gente, dudamos en contestar, ¡Cámara, ya se la saben! Seguro se trata de un intento de extorsión, el primo que nos trae una súper tele de Chicago, pero necesita dinero para sacarla de la aduana, el comandante de quien sabe qué corporación policiaca para advertirme que una camioneta a mi nombre fue usada en un crimen, o el mismísimo jefe de la plaza…por eso duda uno en levantar el auricular. O era eso o era un ejecutivo/a/e de un banco para ofrecerme la enésima tarjeta de crédito, o felicitarme por qué me habían autorizado un préstamo que no pedí…
Pero al final contestamos, ¿Cómo va a matar la curiosidad al gato si no se pone curioso el gato? Y al responder con el arcaico ‘¿bueno?, nos interrumpió una voz electrónica… Momento en que caímos en la cuenta de que habíamos olvidado esa opción tan frecuente como las otras, ¡Una encuesta!
Le iba a colgar más que ipso facto, cuando me dije a mi mismo, capaz que aquí hay nota, y estás andan medio escasas por la temporada, así que me puse a escuchar…
La voz metálica me dijo, como se lo dice a cuánto incautó contesta, que llamaban de una empresa encuestadora, de la cual no me ofreció el nombre, ni la dirección, nivel teléfono, ni su RFC, ni tampoco me refirió a su aviso de confidencialidad, nomás nada, y a lo que te traje Tencha: ¿Podría indicarnos si se encuentra satisfecho o insatisfecho con el desempeño del alcalde Javier Díaz González? Ah… Si que había nota.
La llamadita la recibí el día 26 de diciembre, lo cual importa porque estaba a cuatro días del cierre del ejercicio fiscal del año 2025, y esto es relevante para cualquier empresa, como me dijeron que era. Otra cosa hubiera sido si me dicen que es de una universidad, de una organización de la sociedad civil, de algún medio de comunicación, pero tratándose de algo que se identifica como empresa, tienen que ver con el intercambio de dinero, una compra venta, en este caso de servicios, lo que denota que alguien, está dispuesto a gastar en averiguar si los ciudadanos de Saltillo opinan que Javier es un tipo trabajador, o no lo es.
Podría decirle al alcalde, quien por cierto no se ha pronunciado si va a buscar la reelección al cargo, o no, a sus ayudantes, alelotes, quedabienes o al partido que lo patrocina que ¿Para que andan preguntando a la racita saltillera, no les basta con que está o aquella organización o encuestadora lo califique como el primero, o si acaso el segundo mejor presidente municipal del país, así en general y más por capitales?
Da que sospechar, que estás calificaciones se dan al mejor postor, que más que maquilladas parecen fabricadas al gusto, y que ni siquiera el favorecido les cree.
Y lo de la empresa… Pensando en que el interés tiene pies, mínimo que le paguen la encuesta y le encarguen muchas más… Para arrimarle información al indeciso si le conviene o no buscar la reelección, usted sabe, cuando llegue el momento…
Descubre más desde Más Información
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
