Un hallazgo en el bosque de Barnham, Inglaterra, ha cambiado radicalmente la historia del dominio humano del fuego, al demostrar que hace 400,000 años ya se encendía fuego de forma intencional. El descubrimiento redefine cuándo y cómo comenzó nuestra relación con esta fuerza elemental
Redacción Más
Un sorprendente descubrimiento arqueológico realizado en el bosque de Barnham, en el este de Inglaterra, ha modificado radicalmente el entendimiento científico sobre el momento en que los seres humanos comenzaron a generar fuego de manera deliberada.
Según las investigaciones encabezadas por el profesor Nick Ashton, del Museo Británico, un conjunto de evidencias encontradas en el sitio paleolítico de East Farm Barnham demuestra que hace aproximadamente 400,000 años, los primeros humanos ya eran capaces de producir fuego por sí mismos, retrocediendo en más de 350,000 años la fecha aceptada hasta ahora para el origen de esta tecnología transformadora.
De acuerdo con la información publicada por BBC News, medio que tuvo acceso exclusivo al yacimiento arqueológico, los investigadores encontraron restos de tierra cocida, artefactos de piedra dañados por el calor, y fragmentos de pirita de hierro –también conocida como “oro de los tontos” –, lo que proporciona pruebas sólidas de que aquellos antiguos habitantes no sólo usaban fuego natural, sino que sabían cómo encenderlo intencionalmente. Este hallazgo marca el primer caso documentado en el mundo donde se puede afirmar, con base en datos arqueológicos verificables, que los seres humanos generaban fuego por voluntad propia.
El descubrimiento se realizó en una zona boscosa de Suffolk, dentro de una antigua cantera de arcilla ya en desuso. El área de excavación, descrita por los arqueólogos como un claro entre los árboles, consiste en una serie de fosas profundas interconectadas en el suelo, protegidas parcialmente por lonas. Allí, los arqueólogos encontraron una capa de sedimento rojiza que se diferencia claramente de la arcilla amarilla habitual del lugar. El color rojo se debe a la presencia de hematita, un mineral que se forma solo cuando los sedimentos ricos en hierro son expuestos a ráfagas intensas de calor, lo que indica la existencia de fogatas repetidas y no incendios naturales.
El profesor Ashton explicó que fue en una de estas fosas, apartado del área principal de excavación, donde observó por primera vez esta capa distintiva de arcilla rojiza. En ella, el análisis de laboratorio demostró que había sido sometida a varias exposiciones breves e intensas al fuego, características que coinciden con el encendido repetido de pequeñas hogueras de leña, un indicio directo de manipulación humana del fuego. “Este es un lugar increíble… increíble”, dijo Ashton, consciente del significado histórico de lo encontrado.
Además del sedimento quemado, se recuperaron numerosas herramientas de piedra con signos de haber sido expuestas al fuego. Alrededor de tres cuartas partes de los artefactos encontrados en una zona específica del yacimiento presentan grietas, enrojecimiento, espirales térmicas y líneas de fractura provocadas por calor intenso. Estas características no sólo evidencian el uso del fuego, sino que también muestran que estas herramientas fueron utilizadas cerca o dentro de las llamas.
Uno de los elementos más significativos fue el hallazgo de fragmentos de pirita de hierro, un mineral esencial para producir chispas al ser golpeado contra el pedernal. El doctor Rob Davis, también del Museo Británico, demostró en el lugar cómo esta combinación de materiales permitía encender fuego con rapidez y eficiencia. A diferencia de otras zonas del Reino Unido donde la pirita es rara, su presencia en Barnham indica que los antiguos habitantes la recolectaban deliberadamente, conscientes de su valor. Para ellos, la pirita era, en palabras del Dr. Davis: “El mineral más preciado del mundo”.
Esta tecnología de encendido –basada en el uso conjunto de pedernal y pirita– representa el encendedor más antiguo conocido en la historia de la humanidad. Su invención habría tenido consecuencias profundas: desde la posibilidad de cocinar alimentos y calentarse, hasta cambios fisiológicos y sociales significativos, como el desarrollo del cerebro humano y la complejidad de las estructuras sociales.
El profesor Chris Stringer, del Museo de Historia Natural de Londres, explicó que este tipo de avances fue determinante para la expansión de los grupos humanos hacia regiones más frías como Gran Bretaña. “Contar con algo que pudiera proporcionar fuego instantáneo cuando lo necesitaras, donde lo necesitaras, fue crucial”, aseguró.
A través del uso del fuego, los primeros humanos pudieron modificar su dieta para incluir más raíces, vegetales y carne cocida. Estos alimentos, al ser más fáciles de digerir, incrementaron la ingesta de proteínas, lo que aceleró el crecimiento cerebral. Con cerebros más grandes, los humanos comenzaron a establecer relaciones sociales más complejas, cooperar de manera más efectiva en la caza y, posiblemente, desarrollar formas primitivas de lenguaje. El fuego, por tanto, se convirtió en un eje de transformación física y cultural.
Pero, ¿quiénes eran estos pioneros del fuego? Los expertos creen que no se trataba de Homo sapiens, sino de neandertales muy tempranos que ya mostraban signos de evolución diferenciada hace 400,000 años. El hallazgo sugiere que estos grupos poseían no sólo herramientas sofisticadas, sino también conocimientos prácticos que les permitían alterar y controlar su entorno. Esta capacidad técnica pudo haber sido compartida con otros grupos humanos de Europa, quienes al migrar cruzaron el antiguo puente terrestre entre el continente y Gran Bretaña, llevando consigo la sabiduría ancestral de encender fuego.
El hallazgo en Barnham, ahora publicado en la revista científica Nature, representa el inicio de una nueva era en la arqueología evolutiva. A través de esta evidencia, los investigadores pretenden rastrear otros posibles sitios donde grupos humanos –incluyendo nuestra propia especie– hayan desarrollado o adoptado esta tecnología esencial. Aunque Homo sapiens no apareció en la zona hasta unos 350,000 años después, este descubrimiento nos conecta directamente con un legado de invención que dio forma a lo que somos.
“El fuego nos dio tiempo para pensar, para inventar”, recordó el profesor Ashton. Gracias a estas chispas ancestrales, encendidas por manos que ya intuían el poder de la transformación, comenzó el largo camino que llevó a la humanidad desde la oscuridad de la prehistoria hacia la luz del conocimiento.
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No saquen este artículo porque al rato la 4t va a querer meterle algun impuesto por falta de registro.