Donald Trump escogió este miércoles por la noche (hora de Washington) un formato reservado a las grandes ocasiones, el del discurso televisado a la nación, para una de sus actividades favoritas: celebrarse a sí mismo a base de mentiras, medias verdades y exageraciones en un esfuerzo de tomar el control del relato de la marcha de la economía, que le ha provocado la peor crisis de popularidad desde su regreso al poder el pasado mes de enero.
Y evita hablar de Venezuela
Se esperaba que Venezuela copara la mayor parte del discurso de fin de año de Donald Trump, pero no fue así: el presidente estadounidense compareció anoche ante la nación para hacer balance de su primer año en la Casa Blanca. Sacó pecho de su política migratoria y económica y culpó a Biden de todo lo que va mal en el país.
Trump reescribe el legado de Bien u Obama en su paseo de la fama
En su segundo mandato, Donald Trump está mostrando una obsesión con la Casa Blanca −el edificio, no la institución a la que este sirve de sede− que supera con mucho el precedente de su primera presidencia. El republicano ha redecorado sus estancias a base de molduras doradas y de cambiar cuadros de sitio y poner otros nuevos. También ha remodelado baños y ha iniciado una ampliación sin precedentes con la demolición del ala este para levantar en ese flanco de la residencia un salón de baile para el que no ha pedido permiso y que alterará las proporciones del conjunto.
Nos quitaron derechos petroleros y los queremos de vuelta, dice Trump
La amenaza es parte de la ofensiva de Trump contra el gobierno de Maduro, a quien acusa de terrorismo, de pertenecer al Cartel de los Soles y de tener vínculos con la banda criminal el Tren de Aragua. También dijo este miércoles que Venezuela le quitó derechos petroleros y tierras a empresas estadounidenses y lo quiere de vuelta.
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