Editorial

Apuntes para el insomnio

Los niños sin hogar

Manuel Fragoso Álvarez

Hace unos días, platicando con un buen amigo ahí en su negocio, señor ya grande, pero de esos “de los de antes” fuerte y correoso, llega una señora con dos niños pequeños, le dice que si no quiere que le barra la calle o le lave su coche o que si le puede dar una “ayuda”.  El con su enérgica voz le pregunta ¿Y su marido?  -no, pos´ se fue -hace ya mucho, me dejó con los hijos y se largó- le responde. -Toma un billete de la caja y se lo da, la señora agradece y se marcha.

¿Sabe porque hay tanta gente pobre y tanto niño abandonado por las calles? Me suelta a boca-jarro -él sólo se responde- por estos cabrones ratas que nos han desgobernado, toda esa bola de rateros de uno y otro partido y claro que la mayor de las culpas las tenemos nosotros por dejados, agachones y pendejos, porque nos aguantamos y nos quedamos callados, por zacatones, ante las injusticias.

¿Y sabe quién más tiene la culpa de que haya tanto niño pidiendo en la calle? Sólo lo miro, él vuelve a darme la respuesta, ¡los perros! Sí señor, tanto perro que abunda, usted cree, los compran y luego cuando crecen los abandonan, estos perros tienen más camadas y ahí se van sumando, y la gente, ¡quiere más a los perros que a los niños!  ¿Usted cree esto? ¿Que haya más albergues para perros que para personas? ¿Qué haya más asociaciones que cuidan a los animales que a los niños, que la gente salga y se queje de los circos por que maltratan a los animales, pero no dicen nada y solo se voltean de lado cuando un niño les pide para un taco o un pan, o ven a los niños en los cruceros y se molestan porque les pueden rayar sus coches?

Y cuánta razón tiene este señorón que conozco desde hace ya muchos años, buen “pelao” buen amigo y un crítico sempiterno del sistema.

Con tanto niño de la calle, mujeres abandonadas, y tanta pobreza extrema, es el caldo de cultivo para el surgimiento de locales como los de Mamá Rosa, o Casitas de Nuevo León, o los pequeños soldaditos de no-sé-dónde. Centros que recogen niños pero que los utilizan para sus propios intereses, lugares en donde son vejados o golpeados, y no son meras elucubraciones, ahí están muchos botones de muestra en los medios tanto locales como nacionales, ahí están las pruebas del maltrato, del abandono. ¿Cuántos Macieles o Mamás Rosas estarán todavía por ahí, soterrados, “cuidando” de esos niños que tuvieron la mala fortuna de caer en sus manos?

Los alberges para animalitos funcionan a veces con recursos de algunas personas que les interesa cuidar de ellos, hay personas que dedican gran parte de su tiempo y su dinero en estos menesteres y como negarlo, es una loable labor, pero… ¿será mejor cuidar de los animalitos que de las personas? ¿Será más importante protestar por los animales que están en los circos que –por ejemplo- los niños migrantes que tienen que pasar por nuestro país y que en muchos de los casos son maltratados en su ruta a los estados unidos junto con sus padres?

Según documentos de UNICEF“ los niños a quienes se ha privado de un entorno familiar tienen derecho a una protección, una asistencia y unos cuidados alternativos especiales.”

Pero los gobiernos no tienen capacidad para esto y por eso permiten que particulares lo hagan. Los niños no solamente tienen derecho a la salud, la nutrición y la educación, sino que también tienen derecho a la protección, a no ser objeto de violencia y explotación y a un “entorno seguro y protector”. ¿Y cómo se logra esto? Si muchos de los programas asistenciales de los gobiernos no contemplan esta situación, tienen alberges para situaciones de riesgo, como nevadas, lluvias, u otros fenómenos meteorológicos, pero para cuidad niños abandonados no lo creo. Ni el DIF ni la Cruz Roja ni otros centros han pensado en eso y si lo han hecho, no cuentan con los recursos económicos para dar solución a este problema.

Actualmente muchos niños y niñas que viven en circunstancias difíciles son:  huérfanos y niños de la calle, niños refugiados o desplazados, niños trabajadores, niños sometidos a la prostitución o el abuso sexual, y la verdad ellos no tienen un futuro muy halagador.

¡Pero por supuesto que es mejor tener una mascota! igual y si te aburre, pues la tiras y ya si no pues la mandas a adopción y no faltará algún buen samaritano que la recoja, pero ¿un niño?  ¿Y de la calle? ¡Por Dios!


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