Por Mto. Marco Campos Mena
Desde los gobiernos priistas y panistas surgieron políticos chapulines que migraron de partido en partido y ocuparon cargos clave sin escrúpulo. Hoy militan en Morena, asegurando transparencia y hojas limpias que no resisten el menor escrutinio.
Adán Augusto López Hernández, exmilitante del PRI y gobernador de Tabasco, ganó fuerza con el lema “el más cercano a AMLO”. Actualmente es coordinador de Morena en el Senado, pero su sombra se alarga sobre su exsecretario de Seguridad, Hernán Bermúdez Requena, alias “El Comandante H”. Bermúdez, nombrado durante el gobierno de López (2019‑2021), fue identificado por filtraciones de Guacamaya Leaks como líder de la estructura criminal “La Barredora”, vinculada al CJNG y dedicada a narcotráfico, huachicoleo y extorsión. Operó desde 2021 con conocimiento del Ejército. Emitieron una orden de aprehensión en febrero de 2025 y huyó del país; hoy tiene ficha roja de Interpol. Su hermano y red influyeron en obras públicas y medios estatales. El actual gobernador acusó a López de inacción durante años
Claudia Sheinbaum instó a López Hernández a dar su versión sobre el caso, aunque sin obligarlo; Morena cerró filas en su defensa y prepara la expulsión de Bermúdez mientras mantiene respaldo político al senador
Luisa María Alcalde levantó la voz por Calderón y García Luna: “si el presidente ignoró hechos o los conocía, también tiene responsabilidad.” Ese mismo enfoque debería aplicarse a los vínculos entre Adán Augusto y Bermúdez Requena
El episodio de las cajas vacías, orquestado por Claudia Sheinbaum durante el gobierno de Fox, cayó cuando un notario probó que no había evidencia, haciendo evidente la farsa de acusaciones sin sustento. Hoy, muchos de quienes lo promovieron forman parte del poder
Gerardo Fernández Noroña, antaño outsider rebelde, se volvió protagonista: grabado negándose a pagar impuestos e implicando negocios locales, hoy forma parte de los mismos círculos de poder que antes criticaba.
AMLO dijo: “Todo acto de corrupción tiene el visto bueno del presidente de la república”. Hoy ese concepto retumba sobre su entorno.
Claudia Sheinbaum aseguró que no hablará con defensores del narco, como el abogado de Ovidio Guzmán. No obstante, existen fotos con la abogada del chapo y otras figuras judiciales que ahora integran el sistema de justicia afín al oficialismo, lo cual contradice su discurso moral.
AMLO tachó a Alfonso Romo de corrupto en su libro, pero lo nombró jefe de gabinete. Ahora, Vector Casa de Bolsa, propiedad de Romo, está acusada por el Departamento del Tesoro de EE. UU. de lavar más de 40 millones de dólares para cárteles como Sinaloa y CJNG, y facilitar sobornos a Genaro García Luna. El PAN ha denunciado formalmente a Romo y exigió investigación ante la FGR. La CNBV multó a Vector, Intercam y CiBanco con más de 185 millones de pesos por irregularidades en prevención de lavado. Romo y las instituciones lo niegan, y Morena lo respalda mientras Sheinbaum insiste en que no protegerá a nadie sin pruebas concretas
Los comisionados de la CNBV intervinieron esas entidades financieras, y agencias como Fitch y S&P degradaron su calificación, lo que genera incertidumbre en inversores y pone en duda la supervisión financiera en México.
Muchas de las promesas del pasado se hicieron humo: AMLO prometió gasolina a 10 pesos y no endeudar al país. Hoy el combustible cuesta mucho más y la deuda pública está en niveles históricos. Las huellas del pasado no solo pesan: manchan el presente.
Más que cambio, esto ha sido un reciclaje de discurso con rostros nuevos. La élite desplazada renace dentro de Morena, con la misma lógica de complicidad y contradicción. Aquí no se trata de reciclaje de nombres, sino de fachadas recicladas.
Reconocer esa herencia y exigir verdad nos hace protagonistas de una transformación real, no de otra ronda de imposturas.
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