Por Leslie Zamora
Saltillo, Coahuila 26/05/2025 (Más). – Durante una entrevista matutina este lunes, el Coordinador General de Mejora Coahuila Gabriel Elizondo Pérez, mencionó al gobernador Manolo Jiménez Salinas en al menos siete ocasiones en un lapso de apenas tres minutos, lo que equivale a más de dos menciones por minuto. El tono reiterativo de sus declaraciones genera comentarios sobre los límites entre el reconocimiento institucional y el exceso de deferencia en el discurso público.
En sus declaraciones, Elizondo Pérez atribuyó directamente diversos programas sociales, acciones en territorio y estrategias gubernamentales al liderazgo del gobernador. Frases como «este gran programa se suma a los más de 100 programas, acciones, servicios que tiene nuestro gobernador Manolo Jiménez».
“Lo primero que nos dicen cuando llegamos a una colonia es qué bueno que regresan, porque eso es lo que quieren, que los funcionarios estemos en territorio, hoy todas las dependencias de nuestro gobernador mediante mejora Coahuila y esta gran estrategia de nuestro gobernador se sigue trabajando de esta manera”
En otra parte de la entrevista, el funcionario aseguró que «cada peso que nuestra gente se ahorre con la ‘mera mera’ con un programa de gobierno, con un programa de nuestro gobernador Manolo Jiménez y de mejora Coahuila pueda nuestra gente destinarlo a otra cosa».
Las reiteradas menciones del gobernador en contextos variados fueron constantes, incluso al referirse a acciones operativas en colonias o al responder a críticas ciudadanas. “De las críticas que se hagan o no, bueno, yo los invito a que todos trabajemos de la mano de nuestra gente, que trabajemos siempre porque nos debemos al pueblo, nos debemos a la gente trabajando por amor a Coahuila con el equipo de nuestro gobernador”
¿Agradecimiento o exceso?

En democracias sólidas, la rendición de cuentas y el trabajo en equipo institucional deben prevalecer por encima de lealtades personales. En este contexto, la insistente mención del gobernador podría ser interpretada por algunos sectores como un intento de ganar simpatía política o como parte de una estrategia de posicionamiento.
Si bien las declaraciones de Gabriel Elizondo no son ilegales ni fuera de protocolo, abren una discusión necesaria sobre los límites del discurso político en el servicio público y la importancia de mantener la neutralidad institucional en las intervenciones oficiales.
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