León XIV, primer papa estadounidense, peruano y agustino, asume el pontificado con una visión conciliadora, pastoral y reformista. Con fuerte vínculo con Perú, destaca por su sencillez, formación intelectual y compromiso social. Inspirado en León XIII, promueve una Iglesia sinodal, de diálogo y paz, que busca unir sensibilidades y acercarse a los más vulnerables del mundo.
EFE Reportajes
La elección del cardenal Robert Francis Prevost como nuevo Papa bajo el nombre de León XIV marca tres hitos importantes: es el primer estadounidense en dirigir la Iglesia Católica, el primer Papa con doble nacionalidad, pues también es peruano, y el primer pontífice agustino, orden inspirada en la espiritualidad y en la Regla de San Agustín de Hipona.
A sus 69 años, León XIV, el segundo Papa americano después de Francisco, atesora una amplia trayectoria tanto pastoral como de gestión dentro de la Iglesia y ha estado en los últimos años muy cerca del Pontífice fallecido quien le encargó en enero de 2023 dirigir el órgano que se encarga de la selección y nombramiento de los obispos a nivel mundial. Entonces, no era todavía cardenal, cargo en el que no llevaba ni dos años, desde septiembre de 2023.
Su nombre deja intuir que desea retomar el camino abierto por León XIII, el Papa que renovó a finales del siglo XIX la doctrina social de la Iglesia. El hasta ahora tímido cardenal Prevost se ha presentado al mundo pidiendo ayuda a los católicos «para construir puentes con el diálogo, con el encuentro», y aboga por una Iglesia universal que busque siempre la paz.
El primer Papa agustino de la historia se ha puesto en la línea reformadora que abrió Francisco: sinodalidad, caridad y paz. Señales de continuidad, pero con un sello propio como lo demuestra haber optado por vestir con la tradicional muceta o esclavina (capa corta roja), la estola ricamente bordada y la cruz de oro.
De él sus partidarios afirman que representa una postura moderada, muy conciliador, que puede unir las distintas sensibilidades en la Iglesia, desde las más conservadoras hasta la más aperturista que inició Francisco. «Es sereno, moderado, e integrador… el hombre indicado», le definen en su congregación en la que llegó a ser prior.
Muy cercano a Francisco, aunque más tímido y discreto, por lo menos hasta ahora, apenas había concedido entrevistas. Para leer o escuchar alguna antes de ser elegido Papa hay que remontarnos a 2023 cuando Francisco se lo llevó a Roma para ser jefe de los obispos. Fue el 30 de enero de 2023, cuando Francisco lo nombró Prefecto de los Obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina.
Pero si en algo coinciden todos es en su sencillez, su empatía, su capacidad de escuchar y su exquisita educación, cualidades que va a necesitar para lidiar con la curia vaticana. Todo apunta que será buen pastor y gestor.
“Mi querida diócesis de Chiclayo”
En su primera aparición como Papa desde el balcón del Vaticano, León XIV ha pronunciado unas palabras en español dedicadas a los fieles de su queridísima diócesis de Chiclayo en Perú donde vivió tantos años de su vida, “Mi querida diócesis de Chiclayo”.
Y es que Chiclayo siempre ha estado en sus oraciones: Y si me permiten también un saludo a todos aquellos, en modo particular, a mi querida diócesis de Chiclayo, en el Perú, donde un pueblo fiel ha acompañado a su obispo, ha compartido su fe y ha dado tanto para seguir siendo Iglesia fiel de Jesucristo”, expresó en el balcón central de la basílica de San Pedro.
Tras un polaco, un alemán y un argentino, León XIV consolida la tendencia de papas no italianos, «el menos estadounidense de los estadounidenses” (de las quinielas de los papables) ha estado ligado a Perú cuarenta años, primero como misionero y luego como obispo. De ahí que le apodaran cariñosamente el yanki latino.
Estadounidense de nacimiento, peruano de corazón
En 1985 fue enviado a la misión agustiniana de Chulucanas, en el norte del país, y en 1988 recaló en la ciudad de Trujillo para dirigir un proyecto de formación. Prevost tenía 33 años y Perú atravesaba por la crisis inflacionaria y padecía un periodo de violencia a causa del terrorismo.
La década de los noventa fue todavía más difícil. Se instaló el autoritarismo de Alberto Fujimori y se cometieron graves delitos en contra de los derechos humanos. (Tiempo después, en 2017, en su calidad de obispo de Chiclayo, se atrevió a sugerirle al exmandatario pedir perdón a cada una de las víctimas de su Gobierno).
Prevost terminó su primera misión en Perú en 1999 al ser nombrado prior provincial en Chicago y regresó a EEUU. Pero su vínculo con el país andino sumido en una crisis interminable no había terminado.
En noviembre de 2014, Francisco lo nombró administrador apostólico de la diócesis de Chiclayo, localidad al norte de Lima conocida como la “Ciudad de la amistad” por el talante hospitalario de sus habitantes. Allí fue ordenado obispo en septiembre de 2015, año en el que sumó la nacionalidad peruana.
Como han contado miembros de la Conferencia Episcopal Peruana, durante su larga misión en Perú, Prevost priorizó sus visitas a las comunidades rurales y promovió programas contra la desnutrición infantil. Sus fieles peruanos recuerdan su compromiso con los más necesitados y su férrea defensa por los derechos humanos.
Misionero, matemático y doctor en Derecho canónico
Nacido en Chicago, Robert Francis Prevost Martínez, el 14 de septiembre de 1955, es descendiente de franceses y de españoles por vía materna, (su madre se llamaba Mildred Martínez). Forjó su identidad religiosa dentro de la familia agustiniana, donde ingresó como novicio en 1977 con 22 años, e hizo sus votos solemnes en 1981.
Con una formación intelectual exquisita como buen agustino, cuenta con una amplia formación académica que incluye una licenciatura en Ciencias Matemáticas por la Universidad de Villanova, una maestría en Divinidad por la Catholic Theological Union de Chicago, y una licenciatura y doctorado magna cum laude en Derecho
Canónico por la Pontificia de Santo Tomás de Aquino (Angelicum) en Roma. Su tesis doctoral versó sobre “El papel del prior local de la Orden de San Agustín”.
Su trayectoria como agustino culminó en 2001 al convertirse en Prior General de la Orden, (y hasta 2013), siendo el número 97º en la sucesión directa de San Agustín de Hipona al frente de esta antigua congregación.
Con presencia en más de 50 países, los agustinos han mantenido una influencia muy significativa en Hispanoamérica y se caracterizan por priorizar la vida comunitaria, la búsqueda de la verdad a través de la teología y la predicación, teniendo un fuerte compromiso con la misión pastoral.
Otro León para tiempos de crisis
Aunque el papado ha tenido muchos pontífices jesuitas (como Francisco), franciscanos (como Sixto IV y Julio II), dominicos y benedictinos, solo el actual, León XIV, es miembro de la Orden de los Agustinos, si bien otros papas si estuvieron influenciados por la espiritualidad agustiniana. Este fue el caso precisamente de León XIII (1878-1903), que aunque no fue un agustino, promovió el estudio de la teología escolástica.
León XIV ha explicado que eligió el nombre de León, precisamente por León XIII, el papa que fue duramente criticado por su defensa de los derechos de los trabajadores en un tiempo que esas opiniones se consideraban una intromisión en cuestiones civiles. Ahora son derechos asumidos por la doctrina social de la Iglesia.
Autor del catecismo social de la iglesia, la encíclica de Rerum Novarum, sobre la situación de los obreros, León XIII deploraba la opresión y esclavitud de los pobres y preconizaba salarios justos y el derecho a organizar sindicatos (preferiblemente católicos). León XIII destacó también por su habilidad diplomática, algo que también posee el nuevo papa.
León XIV lanzó un «llamada a la paz» a «todos los pueblos», en su primera aparición desde el balcón de la basílica de San Pedro del Vaticano.
Su propuesta de Iglesia «universal» es más sinodal (hecha entre todos) que jerárquica: «Debemos buscar juntos cómo ser una Iglesia misionera, una Iglesia que construye puentes, el diálogo, siempre abierta a acoger como esta plaza con los brazos abiertos. Todos, todos los que necesitan nuestra caridad, nuestra presencia, el diálogo y el amor».
El pontífice instó a avanzar «sin miedo, unidos, dando la mano a Dios y dándonosla entre nosotros». Y se despidió con las palabras del misionero que lleva dentro: «Queremos ser una Iglesia sinodal, que camina, que busca siempre la paz, que busca la caridad, estar cerca de quienes sufren».
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Muy grande el comentario ha pasado , pero el sensacionalismo Del título parece de las mañaneras. lástima.