Cutler, Maine, 28/04/25 (Más).- La isla Machias Seal, una pequeña formación rocosa situada en la frontera marítima entre Estados Unidos y Canadá, se ha convertido en el escenario de una disputa internacional que lleva décadas sin resolverse. Esta zona, conocida como la “zona gris”, es reclamada por ambos países, quienes buscan no solo la soberanía territorial sino también el control sobre la pesca de langostas, un recurso altamente valorado en la región.
John Drouin, pescador estadounidense con tres décadas de experiencia en la zona, relató que ha habido gente que literalmente ha perdido partes del cuerpo, ha sufrido conmociones cerebrales, golpes en la cabeza y todo tipo de cosas.
Drouin describió cómo los altercados entre pescadores de ambos países han dejado secuelas físicas, como el caso de su amigo que perdió un pulgar.
La disputa sobre los 717 kilómetros cuadrados de mar que rodean la isla se remonta al siglo 18 y fue parcialmente resuelta en 1984, cuando un tribunal internacional otorgó derechos de pesca a ambos países en el canal. Sin embargo, la tensión persiste y ha sido avivada en los últimos años por el cambio en la retórica del expresidente estadounidense Donald Trump, quien en su segundo mandato ha sugerido abiertamente la idea de anexar Canadá como el 51 estado de Estados Unidos.
Con la incertidumbre política en el horizonte, los canadienses acuden este lunes a las urnas para elegir entre dos principales candidatos: Mark Carney, del Partido Liberal, quien ha prometido estabilizar al país frente a las amenazas externas, y Pierre Poilievre, del Partido Conservador, cuya popularidad ha sido afectada por comparaciones con Trump.

Durante la temporada de pesca, la zona gris se llena de barcos y boyas. Nick Lemieux, pescador de Maine, señaló: “Esta es nuestra zona, y es todo lo que tenemos”, en referencia al robo de cerca de 200 trampas que atribuye a pescadores canadienses. Las tensiones se agravan por acusaciones mutuas: los estadounidenses critican las regulaciones más laxas de los canadienses, mientras que estos últimos señalan a los estadounidenses por supuestamente invadir sus aguas territoriales.
La soberanía de la isla Machias Seal también es disputada mediante acciones simbólicas. Canadá mantiene un faro automatizado en la isla como muestra de control, mientras que Estados Unidos recuerda la ocupación de infantes de marina durante la Primera Guerra Mundial como prueba de su soberanía.
Durante la primera presidencia de Trump, los incidentes en la zona gris no afectaron de forma significativa la relación bilateral. Sin embargo, en los últimos meses, Trump ha endurecido su postura, calificando repetidamente a Canadá como un posible estado más de la unión y proponiendo proyectos como el desvío de agua desde la Columbia Británica a California.
Otros puntos de fricción han surgido, como la amenaza de Estados Unidos de retirarse de tratados ambientales sobre los Grandes Lagos y el endurecimiento del acceso a la Biblioteca Pública y Ópera Haskell, ubicada sobre la frontera entre Vermont y Quebec, que ahora requiere control de inmigración para ciudadanos canadienses.
Los recursos naturales son otro tema sensible. Canadá posee reservas significativas de minerales, oro, petróleo y madera. Según Justin Trudeau, Trump estaría motivado a hablar de anexión por el interés en estos recursos. “Sugiero que la administración Trump no solo sabe cuántos minerales esenciales tenemos, sino que incluso podría ser la razón por la que sigue hablando de absorbernos”, declaró Trudeau.
Jordan Heath-Rawlings, periodista canadiense, sostuvo que Trump desea los recursos naturales canadienses y que sus declaraciones deben tomarse seriamente. “Probablemente quiera el Ártico, que obviamente adquirirá mucho más valor en los próximos años”, afirmó.
A lo largo de la historia, los intentos de Estados Unidos por anexar territorio canadiense han sido recurrentes, como en la Guerra de 1812 y la llamada disputa porcina de 1859. Sin embargo, la reciente retórica ha reactivado viejas tensiones que se consideraban superadas.
Mark Carney, primer ministro canadiense y candidato liberal, declaró recientemente que la antigua relación que teníamos con Estados Unidos, basada en la profundización de la integración de nuestras economías y una estrecha cooperación en materia de seguridad y militar, ha terminado. Carney se pronunció contra cualquier intento de debilitar a Canadá para facilitar su control por parte de Estados Unidos.
Ante las crecientes tensiones, algunos analistas, como el profesor Michael Williams, consideran que la política exterior estadounidense podría estar virando hacia una estrategia de fortalecimiento continental. Según Williams, el control de recursos y cuellos de botella geográficos se volvería prioritario para Estados Unidos en un contexto de mundo multipolar.
La incertidumbre sobre las verdaderas intenciones de Trump permanece. John Bolton, exasesor de seguridad nacional, opinó que Trump no tiene filosofía y que sus decisiones responden más a impulsos que a una estrategia coherente.
Mientras tanto, los boicots y las cancelaciones de viajes hacia Estados Unidos por parte de canadienses ya han comenzado a afectar a sectores turísticos estadounidenses, en particular en estados como Florida. Aunque Canadá no busca un conflicto, figuras como Heath-Rawlings advierten que Canadá está listo para darla si se ve obligado a defender su soberanía.
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