York, 24/04/25 (Más).- El análisis forense de un esqueleto hallado en un cementerio romano de gladiadores ha proporcionado la primera evidencia física de un combate entre un humano y un león en el mundo romano, según expertos. Los restos, descubiertos en 2004 durante excavaciones en Driffield Terrace, en la ciudad de York, Reino Unido, fueron examinados recientemente con tecnología avanzada que permitió identificar marcas de mordedura compatibles con las de un felino de gran tamaño.
El profesor Tim Thompson, especialista forense de la Universidad de Maynooth en Irlanda, lideró el estudio. “Durante años, nuestra comprensión de los combates de gladiadores romanos y los espectáculos con animales se ha basado en gran medida en textos históricos y representaciones artísticas”, señaló. Según explicó, este hallazgo “proporciona la primera evidencia física directa de que tales eventos tuvieron lugar en ese período, lo que redefine nuestra percepción de la cultura del entretenimiento romano en la región”.
El esqueleto pertenecía a un hombre de entre 26 y 35 años, enterrado junto a otros dos cuerpos y cubierto con huesos de caballo. Análisis previos sugieren que se trataba de un bestiarius, un tipo específico de gladiador que combatía contra bestias salvajes. Las marcas de mordedura encontradas en la pelvis del individuo fueron sometidas a escaneos 3D y comparadas con registros de mordidas de animales del Zoológico de Londres.
“Pudimos determinar que las mordeduras ocurrieron aproximadamente en el momento de la muerte”, indicó Thompson. Esto permitió concluir que “no se trató de un animal que tratara de comérselo después de morir; están relacionadas directamente con su muerte”. Además, la ubicación de las mordidas sugiere que el león no atacó de forma habitual. “La pelvis no es el lugar donde normalmente atacan los leones, por lo que creemos que este gladiador luchaba en algún tipo de espectáculo y estaba incapacitado, y el león lo mordió y lo arrastró por la cadera”, añadió.
Malin Holst, profesora titular de Osteoarqueología en la Universidad de York y directora general de York Osteoarchaeology, afirmó que “en 30 años de análisis de esqueletos nunca había visto algo parecido a estas marcas de mordeduras”. Según la especialista, los restos revelaban una “vida corta y bastante brutal”. El esqueleto presentaba huellas de grandes masas musculares, así como lesiones en la columna vertebral y en el hombro, relacionadas con actividad física intensa y combate.
Los hallazgos, publicados en la revista académica PLoS One, también aportan evidencia de la presencia de grandes felinos y otros animales exóticos en entornos urbanos de la Britania romana, específicamente en ciudades como York. “Ellos también tuvieron que defenderse de la amenaza de la muerte”, se señaló en el estudio.
El descubrimiento respalda la hipótesis de que existió un anfiteatro en la York romana, aún no localizado, pero que habría servido como sede para espectáculos públicos, incluyendo combates de gladiadores. Según los especialistas, la presencia de altos mandos romanos en la ciudad implicaba un nivel de vida lujoso, del cual estos eventos habrían sido parte.
David Jennings, director ejecutivo de York Archaeology, subrayó la importancia del hallazgo. “Quizás nunca sepamos qué llevó a este hombre al predio donde creemos que luchó para el entretenimiento de otros, pero es notable que la primera evidencia osteoarqueológica de este tipo de combate de gladiadores se haya encontrado tan lejos del Coliseo de Roma, que habría sido ‘el estadio de Wembley’ del combate en el mundo clásico”, declaró.
El yacimiento de Driffield Terrace, único en su tipo por su grado de conservación, continúa ofreciendo información sobre la vida y la muerte de los gladiadores en el Imperio romano, ampliando el conocimiento sobre la violencia ritualizada como forma de entretenimiento en las provincias lejanas del imperio.
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