Por Horacio Cárdenas Zardoni
México es un país de usos y costumbres. De hecho esto existe más como principio jurídico que como una decisión consciente y declarada de la población por mantener sus tradiciones, las que más valora, las que elige que sean el patrimonio cultural intangible de la sociedad, para que sean el elemento de cohesión más importante para que su existencia, nuestra existencia colectiva, se prolongue a lo largo del mayor tiempo posible.
No, más bien detrás de la declaración de usos y costumbres, se escudan algunas prácticas y vicios que, si por la sociedad en general fuera, estarían erradicados y hasta pasados a vista de la autoridad judicial, pero entre que existe el principio jurídico, y que no podemos quitarnos de la cabeza la ‘mentalidad del pobrecito’, que no sabe lo que hace o porqué lo hace, se siguen sosteniendo cuestiones que para empezar, no dejan de tener un fuerte peso económico, pero ese no es el punto, se permiten para no meterse en broncas con sectores de población que pueden ser pequeños o amplios, pero que nos sirven también de parapeto para que nadie venga a afectarnos a nosotros en nuestras cosas, que si a esas vamos, también son usos y costumbres, ¿y porqué no nos los van a respetar, si nosotros sí respetamos los de los demás?
A lo mejor le parece rebuscado, pero es que la verdad de las cosas, nos preocupó el anuncio que hizo hace ya varios días el presidente municipal de Saltillo, Javier Díaz González, que su programa de transporte público estaría contemplando, entre otras cosas, el prestar el servicio de manera gratuita, por lo menos en las dos rutas troncales que se dieron a conocer.
Las rutas troncales, como su nombre pretende indicar, están llamadas a convertirse en las más importantes de todo el sistema de transporte público en la capital de Coahuila. Se mencionó durante su presentación, que se contempla que inicialmente cuente con treinta camiones cubriendo las rutas, que por necesidad, serán las más largas, y con las que conectarán todas las otras rutas secundarias, que parece que quedarán en treinta o treinta y dos.
Bueno, pues si son las rutas más importantes, las insignia, por llamarlas de esa manera, también deben ser las que presten el mejor servicio, con autobuses nuevos y no los más bajos en la gama, sino unos mejor presentados. Ya se va perfilando la cosa: camiones caros, en rutas largas y por lo mismo costosas de operar, ¿y se van a lanzar a que sean gratuitas?… la verdad es que deben estar guardándose un as bajo la manga para resolver esta complicadísima partida, porque desde nuestro punto de vista, y a raíz de la información proporcionada, esto nos parece un suicidio.
Allí le van dos referencias de cómo operan estas cosas de los usos y costumbres. La Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro opera desde hace varias décadas, un servicio de transporte gratuito para sus estudiantes y trabajadores. Cuando se creó este programa, la Narro se ubicaba bastante lejos de la ciudad de Saltillo, hoy, no es que se haya movido una, la otra o las dos para acercarse, pero la mancha urbana de la capital se ha ido extendiendo hasta acercarse casi a las puertas de la antigua Hacienda de Buenavista.
Yo en lo personal tengo parientes que en su momento, se aventaban el camino a la Narro a pie. Eran algo más de diez kilómetros, los mismos de ida que de vuelta, pero eran jóvenes y se los aventaban sin mayor problema, o aunque los hubiera, era parte de la formación.
Les pusieron el camión, y de eso han transcurrido, no sé, ¿cincuenta generaciones?, a lo mejor más. Hay gente que se ha jubilado como choferes de camión, como mecánicos de camión, y uno se pregunta ¿para eso es el dinero asignado a una universidad pública, más puntual, para una universidad agraria?, no recordamos que haya habido intentos serios por quitar el servicio de transporte que seguro, consume una buena parte del presupuesto institucional, ¿qué rector se va a aventar la bronca con los alumnos o con los trabajadores?, y no sabemos si siga la práctica, pero algún tiempo en que aquello estaba más solo de lo que está ahorita, los camiones recogían a los vecinos, sin cobrarles pasaje, un uso y costumbre adicional.
La Universidad Autónoma de Coahuila, más cerca en el tiempo, se emboletó en algo parecido con su Lobus, servicio de transporte para llegar al campus Arteaga, y que le genera un gasto que tiene que cubrir con recursos propios, pues la asignación federal y estatal no es para eso, y tampoco se anima a cobrarle a los alumnos. Un uso y costumbre de poco tiempo, al que quisiera darle solución, pero no encuentra cómo.
Lo que nos preocupa es que, con tal de hacer atractiva para los usuarios la ruta troncal, la inauguren como gratuita, que no dudamos que se vaya a llenar, pues no cobran… y luego a la hora que le salgan a los usuarios con que hay que pagarla, se topen con que no lo acepten de buena manera, o de ninguna manera, o como tercera posibilidad, de que dejen de usarla, y el proyecto termine en fracaso.
Por aquí vamos, gratis, o algo así, se llama el programa del ayuntamiento, vamos a ver cómo funciona, y si funciona, requiere de lo dicho, un as bajo la manga, que haga funcional lo que por lo general es una bronca gratuita, entre tanto, a esperar lo mejor, y temer lo peor.
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