Editorial

Los datos de la SEDU


Por Horacio Cárdenas Zardoni

Durante el ciclo escolar pasado, personal de la Secretaría de Educación del estado acudió a los planteles escolares a tomar algunos datos biométricos de la población escolar. Llevaron su báscula y su cinta de medir, creo que incluso llevaban un picometro, y pasaban todos los alumnos del plantel a que les tomaran su peso, su altura y su índice de masa muscular.


Ni que decir que los niños llegaron a sus respectivas casas platicando de lo que era una novedad para ellos, porque a qué más que la verdad, la vida escolar es bastante rutinaria, rayando en lo aburrida, y la llegada de gente desconocida, siempre es novedad, y más si los sacan de lo de todos los días, y los pasan a medir. Excuso decir que se convirtió en el chismorreo de ese día y el siguiente: quien pesa más que quien, quién es el más alto del salón, quién es el más alto de los niños y quien de las niñas, y así con todo lo que pudiera inferirse de los escasos datos que se tomaron. Por cada salón se llevaban unos pocos minutos, después de todo, recabar los datos era algo bastante simple, no más de un minuto por cada alumno, ya volver a meter al niñerío en la disciplina y en el tema que estaban viendo, eso fue otra cosa, sucede con todas las distracciones.


Por supuesto que los niños llegaron a sus casas contando que los habían ido a medir. La mayoría de los padres de familia no desconfió, ¿por qué habría de hacerlo, si era personal de la Secretaría de Educación, que acompañaba a personal de la Secretaría de Salud?, pero de todos modos les dio curiosidad, y no faltaron los que preguntaron al siguiente día en el plantel ¿ de qué se trataba eso de andarles tomando medidas a los niños?, a lo que las autoridades escolares respondieron que se trataba de un programa estatal, y que era obligatorio para las escuelas dar el paso a los funcionarios, para que hicieran las mediciones, individuales, y que de ellas saldría un dato general para la escuela y para el sistema educativo. Ahí quedó la cosa.
La verdad es que nadie, o casi nadie volvió a pensar en el asunto, desde luego de parte de las autoridades no se supo nada, y de las direcciones de las escuelas todavía menos, pues en todo caso les correspondía jugar el papel de intermediarios. Así estaba todo tranquilo hasta que por allí a principios de marzo, los niños llegaron con un papelito a sus casas…


Había que anotar el peso, la estatura, la talla de la camiseta, y creo que nada más.
Algunos padres de familia, más curiosos, se pusieron a tratar de averiguar de qué se trataba, a lo mejor la escuela quería venderles una camiseta adicional al uniforme que llevan, o se estaban poniendo de acuerdo para la graduación, ya ve que se mandan a hacer camisetas o sudaderas con los nombres de los alumnos del grupo que egresa, cosas así, pero no, no iba por allí la cosa.


Resulta que era continuidad del programa aquel del año pasado, el de la secretaría de salud y la de educación, en conjunto para recolectar los datos de los planteles, el único problema es que en el papelito mentado no decía nada, ni de eso, ni de nada.


Cuando lo describimos como papelito es porque era exactamente eso, un octavo de una hoja tamaño carta, sin membrete de ninguna dependencia pública de las involucrados, o ya de perdida del DIF, no, nadie se atribuyó el asunto, tampoco venía ningún tipo de explicación, no sé, una frase del tipo : señores padres de familia, por este medio damos continuidad al estudio de talla y peso de los alumnos del sistema educativo nacional, o el de Coahuila, mucho agradeceríamos llenar los siguientes datos de su hijo (a) y devolverlo a la escuela lo más pronto posible. Eso o algo por el estilo, ya ve que cada gobierno se pinta del color que guste, y acomoda su discurso en consecuencia.


Queremos suponer que la mayoría, o todos los niños llevaron los datos respecto a su envergadura, su tamaño de babor a estribor y de proa a popa. A algunos se les habrá perdido el papelito, si no iba engrapado a la liberta de tareas, a algunos otros se les habrá pasado entregárselos a sus papás, ya ve como son distraídos en ciertas edades, pero queremos suponer que la mayoría lo llevó.


Y aquí es donde comienzan los dolores de cabeza: ¿de veras procesaron la secretaría de educación y la de salud los datos obtenidos el año pasado? ¿hay ahora una base de datos por alumno, en la que se analice la tendencia a subir de peso o a bajarlo, además de comprobar que su estatura se ubica dentro de los parámetros para su rango de edad? Y después de eso ¿hay medidas para notificar a los padres de cada educando que se encuentra bien, que corre algún riesgo, y que hay que atenderlo a la brevedad posible?


Podemos pensar que en efecto hubo un aumento de eficiencia, ¿para qué destinar brigadas a recorrer todas las escuelas del estado, si los padres pueden remitir la información solicitada, con solo llenar el papelito en cuestión?, pero lo más probable es que el cambio en la forma de recolección de datos tiene que ver más bien con la falta de recursos para hacer el levantamiento y luego del procesamiento, porque una cosa es ir anotando en una hoja y otra distinta ir de papelito en papelito llenando la hoja, o directamente en la computadora, lo que sea más burocrático y complicado, eso gana.


El asunto es que esta clase de movimientos da qué hablar a la gente ¿qué está pasando en la escuela de los niños, que antes era así y ahora es asá?, ¿el niño, la niña, está bien, o hay algún problema que nos tengan que comunicar?, son detalles, mínimos si quiere, pero relevantes para la relación entre el gobierno y los gobernados, en un tema de interés para estos últimos como pocos, sus hijos. Esperemos a ver qué sale de esto, si es que algo.


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