Por Héctor García Álvarez
Saltillo, Coahuila, 07/04/25 (Más).- En los últimos tres años, Saltillo ha enfrentado una ola de incendios en recicladoras clandestinas, con al menos ocho casos críticos entre 2023 y 2025.
El 13 de junio de 2023, una recicladora ilegal en la colonia Los Ramones desató una columna de humo por la quema de llantas y plásticos; el lugar operaba sin permisos.
En agosto del mismo año, una bodega de platos desechables en el Parque Industrial Las Torres generó evacuaciones masivas al alcanzar llamas de 50 metros de altura.
Para enero de 2024, el incendio en Camino a Los Ramones reveló fallas logísticas: los bomberos tardaron cuatro horas en controlarlo tras quedarse sin agua.
En 2025, la crisis escaló. El 21 de enero, El Mimbre registró humo tóxico; el 3 y 4 de abril, un siniestro en el norponiente movilizó a 130 elementos para combatir toneladas de plástico y llantas ardiendo, mientras otro incendio en los límites con Ramos Arizpe persistió por falta de atención inmediata.
Ese mismo mes, Rancho Las Cajas añadió una nube negra visible en toda la ciudad. Las autoridades atribuyen estos casos a operativos irregulares, acumulación de materiales inflamables y negligencia, con 50 % de recicladoras funcionando fuera de la ley, según datos oficiales.
Los incendios en recicladoras clandestinas de Saltillo han generado emisiones críticas de gases tóxicos, incluyendo monóxido de carbono, partículas PM2.5 y compuestos orgánicos volátiles, que deterioran la calidad del aire y representan un riesgo severo para la salud pública, especialmente en niños y adultos mayores.
Las partículas PM2.5 son partículas microscópicas de contaminación del aire, con un diámetro de 2.5 micrómetros o menos. Provienen de fuentes como el tráfico, la industria y los incendios, y pueden afectar gravemente la salud respiratoria y cardiovascular.
La quema de materiales como llantas y plásticos libera sustancias cancerígenas como dioxinas y furanos, las cuales permanecen en el ambiente por años y se acumulan en la cadena alimentaria. Además, las nubes negras visibles desde kilómetros de distancia, como la registrada el 3 de abril de 2025 en el norponiente, reducen la visibilidad y agravan problemas respiratorios en la población.
Estos siniestros también devastan el ecosistema local: el suelo contaminado por residuos quemados pierde fertilidad, mientras que las cenizas tóxicas se filtran a mantos acuíferos, afectando la biodiversidad y los recursos hídricos.
La acumulación de materiales inflamables en predios irregulares, donde la mayor parte de las recicladoras operan sin permisos, ha sido señalada en diversas ocasiones por el alcalde Javier Díaz González.
Cada incendio genera costos millonarios para su control y daños irreversibles al equilibrio ecológico de la región, pues no solo implica gastos en operativos de extinción, sino que perpetúa un ciclo de degradación ambiental: los terrenos quemados son reutilizados para acumular más desechos, perpetuando la emisión de contaminantes y la pérdida de áreas naturales. Autoridades advierten que, sin una regulación estricta, Saltillo enfrentará crisis recurrentes de calidad del aire y un aumento en enfermedades asociadas a la inhalación de humos tóxicos.
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