Por Heriberto Medina
200 pares de zapatos
Para mantener la buena imagen de un personaje público de alta relevancia como la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, dos aspectos son primordiales: el control de la agenda pública y el establecimiento de la narrativa en los temas vigentes en la conversación social.
El control de la agenda implica fijar los temas a discusión, adelantarse a otros actores políticos y, si la realidad impone un tema adverso, entonces se tiene la opción de la llamada caja china, es decir impulsar artificialmente un asunto, algún escándalo de corrupción, un juicio político o cualquier cosa que acapare la atención de la opinión pública.
Construir una narrativa consiste en establecer en los medios y en la mente de los ciudadanos la historia que se va a contar respecto a los temas vigentes, determinando incluso las palabras que se utilizan.
Regularmente la presidencia de la República tiene el control tanto de la agenda como de la narrativa, así venía pasando hasta la madrugada del jueves 7 de marzo cuando la realidad se impuso, esa realidad dolorosa y cruel de las decenas de miles de mexicanos desaparecidos, torturados y ejecutados en campos de exterminio como el que fue descubierto en Teuchitlán, Jalisco.
Fueron las madres buscadoras quienes descubrieron el rancho Izaguirre gracias a una llamada anónima que las alertó sobre ese terrible lugar, no se dio cuenta la Guardia Nacional en 2019 cuando encontró en el lugar un cuerpo calcinado, no lo descubrió la Fiscalía de Jalisco el año pasado cuando incautó y cateo el inmueble, ellos, que son expertos, no se percataron de que se trataba de un campo de exterminio, tampoco le dieron importancia a las prendas y restos óseos que lo comprueban, tuvieron que venir las madres buscadoras para encontrar los huesos y los cientos de pares de zapatos.
Los hechos son tan graves y contundentes que fue imposible para la Presidencia de la República fijar otro tema en la agenda, la realidad terca y contundente les ganó el primer round y el tema del Rancho Izaguirre se fijó en la agenda nacional y mundial.
El segundo round es el establecimiento de la narrativa y también lo va perdiendo la presidencia y es que ya se fijó en la opinión pública el término “campo de exterminio” que tanto se trató de evitar desde el poder.
El término es correctamente utilizado si consideramos los testimonios de los sobrevivientes, los antecedentes en el tema de los desaparecidos, las evidencias recopiladas en el lugar y la triste realidad de violencia que vive México.
Pero no fue tan sencillo, el viernes 8 de marzo, la mayoría de los periódicos de circulación nacional omitieron la publicación de los hechos, solo la Jornada y el Sol de México difundieron en la primera plana el macabro hallazgo, pero con un matiz, los consideraban hornos de cremación clandestina, no un campo de exterminio.
Y es que no es lo mismo un campo de exterminio a unos hornos de cremación clandestinos, por que en ese segundo concepto cabe el hecho de que se tratará una instalación oculta de alguna funeraria y la cremación podría ser de cadáveres producto de la pandemia, algo completamente alejado de lo que las evidencias muestran, por eso el término campos de exterminio es más exacto que el de hornos clandestinos de cremación.
Aún así, los medios nacionales no se atrevían a manejar ese concepto hasta que los hizo el periódico español El País a principios de la semana pasada, fue como si con eso los periódicos de circulación nacional hubieran obtenido el permiso para llamar por su nombre al campo de exterminio.
A partir de entonces se han presentado varios intentos por controlar la narrativa y desterrar la definición: “campos de exterminio”, desde la propia Presidenta de la República quien dijo que se debe esperar a los datos que arrojara la investigación, hasta la Comisión Nacional de Derechos Humanos quien pidió expresamente que no se utilizara ese nombre, pasando por el inefable Gerardo Fernández Noroña quien puso en tela de duda que los zapatos sean de los jóvenes ejecutados en el lugar y la fiscalía de Jalisco que se apresuró a decir que ahí no había hornos, solo para que un día después las madres buscadoras descubrieron un horno más en el interior del propio predio Izaguirre.
Aún existe un round más por afrontar en este tema, hay una palabra que la mayoría de los medios aún no han utilizado para referirse a lo que está pasando en México, la palabra es GENOCIDIO, es lo que están perpetrando los grupos criminales en nuestro país, son cientos de miles quienes han sido asesinados por los delincuentes y decenas de miles más desparecidos, cuyos cadáveres o sus restos no han sido localizados aún.
Las palabras que se utilizan en la narrativa no son un tema menor, el crimen organizado, sus líderes principalmente, deberían responder por el delito de genocidio, no se trata de uno o dos asesinatos comunes, tampoco es que sea solo el tráfico de drogas o de personas, estamos hablando de esclavitud, exterminio y genocidio, aun que sean palabras que le molesten a grupo en el gobierno.
Y es importante porque no es lo mismo una condena por asesinato o tráfico de drogas que una sentencia por genocidio.
La verdad es cruda, pero es la verdad y es lo que los mexicanos vivimos todos los días, no nos acostumbremos a ella, no normalicemos la violencia, llamemos a las cosas por su nombre.
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