Por Martín de León
Saltillo, Coahuila, 12/03/2025 (Más).- Al no estar registrados ante las autoridades sanitarias, decenas de anexos operan en la clandestinidad, sin estar preparados para atender emergencias.
En los últimos años, en México, los llamados “anexos” se han convertido en una alternativa para el tratamiento de personas con adicciones, especialmente en estados como Coahuila y su capital, Saltillo. Sin embargo, detrás de su función rehabilitadora existe una realidad preocupante: algunos de estos centros operan en la clandestinidad, donde se aplican métodos inhumanos y lucran con la necesidad de atención.
El aumento de estos establecimientos en Saltillo se debe a la insuficiencia de espacios oficiales para el tratamiento de adicciones. Según la Comisión Nacional contra las Adicciones (Conadic), en Coahuila solo existen tres centros de internamiento certificados, todos ubicados en Torreón. Esta carencia ha abierto la puerta para que numerosos anexos operen sin regulación oficial, ofreciendo sus servicios a familias que buscan ayuda para sus seres queridos.
La falta de supervisión por parte de las autoridades sanitarias permite que en los anexos se implementen métodos de rehabilitación cuestionables y, en muchos casos, inhumanos. Algunos de estos centros son dirigidos por exadictos o grupos religiosos sin formación profesional en el tratamiento de adicciones. Los internos llegan a ser sometidos a torturas, humillaciones y maltratos físicos y psicológicos, prácticas que, lejos de ayudar en la recuperación, agravan la situación de los pacientes.
Por ello, ha habido intentos por regular este tipo de instalaciones, ya que el hacinamiento provoca problemas de salud en los pacientes, derivados de la falta de higiene y las condiciones insalubres. En algunos casos, se han documentado hasta 84 personas viviendo en un mismo inmueble.
Los anexos reciben principalmente a personas con adicciones al tabaco, alcohol, marihuana y cristal, abarcando distintos rangos de edad y género, aunque con una notable prevalencia de jóvenes adultos.
A diferencia de los anexos, los centros de rehabilitación formales operan bajo normativas y supervisión de las autoridades de salud. Estos establecimientos cuentan con personal capacitado, programas de tratamiento basados en evidencia científica y condiciones de vida dignas para los pacientes.
La ausencia de una regulación efectiva y la falta de recursos destinados a la creación de centros de rehabilitación oficiales perpetúan la existencia de anexos clandestinos.
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