Por Horacio Cárdenas Zardoni
El error más grave de nuestra sociedad, está en pensar que todo irá siempre hacia arriba y hacia adelante. Cuando no ocurre así, nos sentimos que hemos fracasado, y esto a su vez nos obliga a buscar y encontrar maneras de retomar eso que consideramos, es la única tendencia válida. Estamos hablando de cualquiera y todos los aspectos de nuestra vida, como individuos y como sociedad.
Alguna vez conocimos un cuate que tenía una frase espeluznante: llega un momento en la vida de todo hombre, en aquel momento todavía no existía eso de la equidad ni del lenguaje incluyente, bueno, llega un momento en la vida en que solo debes usar relojes Rolex… esa y no otra era la medida del éxito. Había que trabajar como demente, obvio siempre en posiciones mejores la nueva que la anterior, hasta llegar a un estándar de vida, el señalado por la marca de un reloj que siempre ha presumido de ser muy caro, y bueno ¿para qué conformarse con un solo Rolex, pudiendo tener varios, digamos uno distinto para cada día de la semana, incluyendo un Mariner u otro parecido para el sábado y otro para el domingo, que se supone que debe uno andar de sport…?
Excuso decir que si todo el mundo pensara así, la fábrica de relojes Rolex no se daría abasto para provisionar a todo hombre y mujer, restringiéndonos obedientemente a lo dispuesto por Mr. Trump en cuanto a la división de los sexos, de uno de sus productos. Ya si el objetivo en la vida debe ser ese, más obviamente todo lo que debe acompañar la existencia de alguien que tiene un Rolex, un carro igual de caro, ropa, calzado, una mansión con todas las amenidades imaginables, hace mucho que nos hubiéramos acabado el planeta. No, en mi opinión las aspiraciones deben ser más modestas, ¿Quién tiene relojes de tantos miles de dólares, cuando todo el mundo ahora anda con un reloj conectado al celular, que hasta donde sabemos, no han logrado colocarlos en la misma mecánica de costos que los Rolex y los Omega, los Applewatch, como todo lo relacionado con los celulares, independientemente de su costo, que nunca es bajo, tiene el carácter de desechable, para sustituirlo por otro que hace básicamente lo mismo, pero tiene un numerito diferente que presumirle al resto de los mortales.
Disculpará estas muestras del mercantilismo existencial de algunas personas, normalmente dejamos que cada quien haga de su vida el consabido rehilete, pero es que nos da pena ver lo que le está pasando a nuestro país, y en particular lo que le sucede a Coahuila, ante las amenazas del presidente de los Estados Unidos Donald Trump, de imponer impuestos a la importación tan elevados, que hagan imposible a las empresas norteamericanas instaladas aquí, seguir produciendo para vender en su país. En mi opinión, esa ambición de ir siempre para arriba y adelante, como decía la campaña de uno que fue presidente hace décadas, Luis Echeverría Álvarez, es una falacia que nos está costando demasiado cara, y más, porque las condiciones que dieron lugar a ella en un primer momento, han cambiado radicalmente, tan es así, que puede que permanezcan por tiempo indefinido, lo que llevaría a una debacle del modelo que elegimos, a lo mejor equivocadamente, adoptar como nuestro.
Donald Trump trae entre ceja y ceja cualquier cosa que no sea fabricada en los Estados Unidos. No importa si el producto es norteamericano, que sea producido por una compañía con capital de allá, y que las ganancias de sus operaciones vayan y se queden allá, lo que él quiere es que también se fabrique en suelo estadounidense, para poder así decirle a sus simpatizantes y electores, que logró arrancar las empresas de las garras de otros países, que se beneficiaban indebidamente de la política, para él errónea, adoptada por sus antecesores.
Y es que en algún momento el sistema capitalista adoptó un esquema basado en producir allí donde sea más barato hacerlo, de tal manera que aun con los costos y tiempos de transporte y trámites, sea más económico traer un carro de Japón, Corea, Turquía o Brasil, que fabricarlo aquí. Lo mismo para los que se comercializan en estos países, llevarlos de cualquier otra parte del planeta. La verdad no entendemos, nunca la hemos entendido, esa lógica, ¿cómo va a ser más barato traer un carro de China que hacerlo aquí?, pero allá ellos y sus manejos.
Trump concedió un respiro, el segundo, a la industria automotriz en su amenaza de aranceles de 25% a los automóviles fabricados en México. Quede claro, por empresas norteamericanas. Es la segunda vez que pospone su medida y su amenaza consentida, pero lo que nos sospechamos, amparados en lo errático de su comportamiento, que esto continuará durante los cuatro años de su gestión, y más, si es que se logra reelegir, algo con lo que sueña, así se lleve de encuentro a su partido, la constitución, la nación entera.
¿Qué pasará en Coahuila si se van Chrysler, General Motors, Freightliner?, lo segundo, pues que se llevarían también su cadena de proveedores, dejando aquí a sus trabajadores, los de todas las empresas que les proveen de partes y servicios. ¿Qué sería eso una tragedia?, desde el punto de vista económico, podríamos decir que sí, los indicadores económicos se vendrían al suelo, los de fabricación y exportación de carros y camiones, sí, ¿pero a poco Coahuila siempre ha producido vehículos automotores?
No, la industria automotriz tiene ¿qué?, cincuenta años, antes de eso Saltillo y Coahuila vivía y trabajaba, más pobremente, sin tanto Rolex, carro caro, televisiones, celulares, todo lo que se puede comprar con salarios más allá de lo conocido por las generaciones anteriores, pero ahí la llevábamos. Por supuesto Saltillo y su zona conurbada exportaban y expulsaban miles de personas, que tenían que ir a emplearse a otros estados y naciones. Pero se vivía, y a muchos les gustaba eso que vivían, ahora se ha vuelto, o lo han vuelto impensable.
No somos pitonisos, no tenemos ninguna certeza de que las plantas armadoras sigan en Coahuila, y de qué tamaño sea el castigo para ellas por desobedecer una tendencia a la que le han puesto una presión nunca vista. Pero de que podríamos sobrevivir, no me cabe duda, de que nos las veríamos negras, sí, en parte, mientras no logremos sobreponernos, pero cuando lo hagamos, ningún arancel impuesto por nadie nos va a hacer mella ¿es realmente tan malo eso?
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