New Haven, Connecticut, 21/01/25 (Más / IA).- La amistad podría definirse no solo como una conexión emocional o intelectual, sino también como un vínculo microbiano.
Un reciente estudio publicado en la revista Nature reveló que las personas que interactúan frecuentemente tienen microbiotas intestinales más similares, incluso si no viven juntas. Este hallazgo sugiere que nuestros contactos sociales, y los de nuestros amigos, juegan un papel significativo en la composición de los microorganismos que habitan en nuestro intestino.
El estudio fue realizado por un equipo de científicos de la Universidad de Yale, que durante una década trabajó en 18 aldeas aisladas de la selva hondureña, reclutando a 1,787 adultos para analizar muestras de sus heces. Los participantes, que seguían una dieta tradicional con mínimo uso de medicamentos, ofrecieron un entorno ideal para rastrear la influencia social en la transmisión microbiana.
Nicholas Christakis, autor principal de la investigación, señala que lograron predecir las relaciones sociales entre personas con base en la similitud de sus microbiotas: “Podemos predecir quiénes son tus amigos basándonos en la similitud de los microbios en tus heces con los de ellos”.
La microbiota, considerada por los expertos como un “órgano” adicional del cuerpo humano, está compuesta por bacterias, virus y hongos que colonizan el tracto digestivo. Este ecosistema es fundamental para funciones como la digestión, el desarrollo del sistema inmunológico y la producción de enzimas.
Según Francisco Guarner, director de la Unidad de Investigación del Sistema Digestivo del Hospital General Vall d’Hebron, “es esencial para la digestión de los alimentos. Nos aporta muchas enzimas y vías metabólicas que el ser humano no tiene”.
Tradicionalmente, se pensaba que la microbiota se transmitía de forma vertical, es decir, de madres a hijos durante el parto y la lactancia. Sin embargo, el estudio plantea que esta comunidad de microorganismos también se comparte horizontalmente entre personas que conviven o interactúan frecuentemente.
Los datos del estudio revelaron que quienes viven en el mismo hogar comparten hasta un 14% de las cepas microbianas intestinales. Para aquellos que no conviven pero pasan tiempo juntos regularmente, la cifra es del 10%. Incluso entre personas que residen en la misma aldea pero tienen poca interacción, se detectó un 4% de similitud en sus microbiotas. Esto sugiere la existencia de una cadena de transmisión microbiana que incluye a los amigos de amigos.
Aunque la vía de transmisión de bacterias intestinales no se comprende del todo, los científicos plantean que el contacto cercano es clave. Según Guarner, la hipótesis más probable es la transmisión fecal-oral: “Aunque controlamos nuestra higiene, en algunos estudios previos se ha detectado que las bacterias del intestino también aparecen en las manos y pueden llegar a la boca”. Muchas bacterias sobreviven al oxígeno al viajar en forma de esporas, lo que permite su transferencia a través de toallas, ropa o contacto físico.
Este intercambio de bacterias no solo es inofensivo, sino que es vital para la salud. Una microbiota diversa y equilibrada es esencial para prevenir enfermedades no transmisibles, como diabetes, trastornos cardiovasculares e incluso depresión. Guarner explica que “estas enfermedades suelen asociarse a un microbioma deficiente”. Mireia Vallés Colomer, de la Universidad Pompeu Fabra, agrega que la pérdida de diversidad microbiana, común en las llamadas “enfermedades modernas”, podría ser un factor clave en su desarrollo.
El estudio también plantea que una comunidad con microbiota debilitada podría ser más propensa a la proliferación de estas enfermedades, destacando la importancia del entorno social en la salud. “No podemos estudiar humanos como si vivieran aislados, sino junto con la comunidad que integran”, concluye Vallés.
La investigación abre nuevas puertas para explorar cómo las relaciones sociales influyen en el microbioma y, por ende, en nuestra salud general, reafirmando que compartir momentos con amigos podría también significar compartir bienestar microbiano.
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