SUBIRSE AL PROYECTO

SUBIRSE AL PROYECTO


Horacio Cárdenas Zardoni


Mucho hemos criticado la forma de ser capitalista, esa que consiste en destruir para crear. Somos de la opinión de que debe haber, es más, que hay maneras de hacer las cosas mucho menos agresivas, pero que ofrecen menores ganancias que las que se pueden lograr mediante la estrategia de tierra arrasada.


Hemos visto documentales verdaderamente horripilantes de las nuevas maneras de explotación de los bosques y los mares. Antiguamente, así lo decían los cuentos de hadas, el leñador vivía en el bosque, todas las mañanas salía con su hacha a cortar algún árbol, y mientras se sucedían historias como las de Caperucita o la de Hansel y Gretel, el trabajo era de sol a sol, poco productivo pero alcanzaba para alimentar una familia. Lo mismo el pescador, salía con sus redes y regresaba con el producto de su oficio, que tenía sus peligros, pero así eran las cosas. ¿Hoy?, la aplicación de la tecnología hace que grandes terrenos sean arrasados por máquinas que cortan los árboles con unas quijadas hidráulicas, allí mismo les quitan las ramas y las hojas, y apilan los troncos en camiones. En el mar, hay grandes barcos con redes que literalmente barren el fondo marino de toda criatura, no dejando a nadie en las profundidades, en ambos casos, es como si hubiera ocurrido un cataclismo, que a eso es a lo que equivale el capitalismo moderno puesto a explotar los recursos, para obtener las mayores ganancias posibles.


Usando otros ejemplos más locales. ¿Cuántas veces no hemos visto fotografías del antiguo Hotel Coahuila, que se hallaba a espaldas del Palacio de Gobierno?, era un edificio señorial, elegante, bonito, a lo mejor no muy grande, pero las imágenes lo hacen ver imponente. Pues bien, lo tumbaron para poner una sucursal de un banco, con un edificio que sí, está forrada de cantera rosa, pero fuera de eso, es una caja de zapatos en la que ningún par de ojos se posaría dos veces. Lo mismo ocurrió con muchas construcciones que tenían un estilo propio, y que fueron sustituidas por cosas que no vamos a llamar horrorosas o feas, pero sí deprimentes, que no le alegran la vista a nadie.


Y es que el estilo capitalista es ¿para qué ocuparse de una remodelación o una restauración, en la que se obtiene un nivel de ganancias modesto, en comparación con lo que implica la demolición, diseño, ingeniería, edificación, acabados, de un edificio nuevo?


Viene a cuento esto porque la presidenta Claudia Sheinbaum está empeñada en un gran proyecto ferroviario, el cual ya se ha esbozado y que pretende sea del doble de kilómetros que los que hizo su predecesor Andrés Manuel López Obrador, que según, fueron mil quinientos.


Está bien, el ferrocarril es un medio de transporte que tiene sus amplios usos en muchas naciones del mundo, tanto en su modalidad de pasajeros como de carga, pero que en nuestro país fue abandonado para privilegiar el segundo sobre el primero, entendiendo que no había capacidad, ni tampoco mayor interés, de su propietario de entonces para tenerlos a nivel ambos. El propietario no era otro que el gobierno federal, que prefirió deshacerse de los Ferrocarriles Nacionales, antes que invertir en algo que no le había significado un negocio productivo en décadas. Allá que los empresarios particulares le sacaran el dinero que pudieran, mucho o poco, y estos se centraron en el que más ganancia ofrecía a cambio del menor esfuerzo.


López Obrados y ahora Sheinbaum quieren revivir el ferrocarril de pasajeros, pero la actual mandataria ya se lo está pensando, porque los números del Tren Maya no son para brincar de gustos en cuanto a ingresos y recuperación de la inversión, de allí la idea de combinarlo con el servicio de carga, lo que requerirá un rediseño de todo el proyecto, de un lindo trayecto turístico que cruza la selva depredada, a uno donde se tope con largos trenes cargueros, de esos que solemos ver todo el tiempo por acá en el norte.


La cuestión es que, el modelo de la izquierda, o eso que acá en México MORENA entiende por izquierda, es una mezcla del estilo capitalista de hacer negocios, y también del socialista, o como sea que se llame el que busca el aprovechamiento de lo que ya está, para no usar el término conservador. Buena parte del proyecto ferroviario de Claudia Sheinbaum está montado sobre las vías ya existentes. Para nada se habla de otros cuerpos de vías, sino de usar los actuales, con la revisión, modernización y sustitución de los que lo requieran, pero no es comenzar de cero, que costaría un dinero que el gobierno no tiene y no quieren invitar a los empresarios privados que lo tienen, y consumiría un tiempo que no hay, esto tiene que quedar este mismo sexenio.


Así que en esas estamos. Acá en Coahuila nos sentimos encandilados de que la presidenta Sheinbaum graciosamente accedió a incluir a Coahuila en el proyecto de recorrido de México a Nuevo Laredo. A como están las cosas, ni siquiera le podría apostar a que harán un libramiento para que no atraviese la mancha urbana, al contrario, pasará y casi seguro parará en la vieja estación del ferrocarril, hoy en abandono. Sí, le darán su mano de gato, para que quede tan bonita como el AIFA… fuera de eso, estándar 4T, que no es nada para extasiarse.


¿A qué proyecto nos estamos subiendo, o queriendo subir?, a uno más bien poquita cosa, a menos que consideramos como lo máximo, recuperar un modo de transporte que fue abandonado hace treinta años porque era incosteable ¿de veras creen, creemos, que será rentable hoy? ¿Qué le ofrecerá a los posibles usuarios costos adecuados, tiempos de recorrido más cortos que un viaje por carretera?, lo vemos difícil, ah pero como Sheinbaum nos hizo caso, allí nos tiene felices… felices a fuerza, por no ser infelices diría yo.


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