Barcelona, 10/09/24 (Más / IA).- Durante la pandemia de la covid-19, se popularizó la idea de que los virus pueden viajar por el aire, contagiando a personas a distancias considerables. Sin embargo, el fenómeno de los microorganismos que recorren grandes distancias por la atmósfera va más allá.
Un nuevo estudio publicado en la revista ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’ (PNAS) ha revelado que bacterias y hongos patógenos pueden desplazarse hasta 2,000 kilómetros, sobreviviendo en la troposfera y presentando potenciales riesgos para la salud humana.
El estudio, liderado por el investigador Xavier Rodó, del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), muestra que microorganismos como Clostridium Difficile, Escherichia coli y varias especies de Staphylococcus han sido detectados en la capa límite planetaria, una región de la atmósfera ubicada entre 1,000 y 3,000 metros de altitud.
Estos hallazgos se realizaron tras 10 vuelos en avioneta sobre Japón, donde los investigadores recogieron muestras de aire en las llamadas “corrientes troposféricas”, que conectan regiones lejanas del mundo, como China y Japón.
Según los datos del estudio, se identificaron más de 266 géneros de hongos y 305 géneros de bacterias, de los cuales entre el 35 y 40 por ciento son potencialmente patógenos. Aunque las concentraciones detectadas no parecen suficientes para causar enfermedades en la mayoría de las personas, Rodó advierte que no se conoce con precisión la dosis mínima capaz de desencadenar una infección. En casos extremos, señala que una sola célula puede provocar enfermedad en individuos inmunodeprimidos.
Uno de los hallazgos más relevantes es la capacidad de los microorganismos para sobrevivir a las duras condiciones de la troposfera, expuestos a la radiación ultravioleta y la falta de nutrientes y humedad. Según los investigadores, los microbios podrían mantenerse viables al adherirse a aerosoles que los protegen, permitiéndoles viajar grandes distancias. Además, las tormentas de polvo, que son comunes en diversas regiones del mundo, podrían servir como vehículos para la dispersión de estos organismos.
La investigación también detectó la presencia de genes de resistencia a antibióticos en muchos de los microorganismos recogidos, lo que sugiere que el uso intensivo de antibióticos en la agricultura podría estar favoreciendo la propagación de bacterias resistentes a través de la atmósfera. “Esto podría ser una nueva vía para la dispersión de genes de resistencia en zonas que, en principio, no los generan”, alerta Rodó.
A pesar de la alarma que pueden generar estos hallazgos, la ecóloga Isabel Reche, de la Universidad de Granada, subraya que el transporte de microorganismos por el aire no es un fenómeno nuevo.
“Aunque el cambio climático puede alterar las cantidades de estos organismos en la atmósfera, es un proceso que ha ocurrido desde siempre”, comenta Reche, añadiendo que la mayoría de los microorganismos transportados son esenciales para los ecosistemas y no representan un peligro para la salud humana.
Aun así, Rodó plantea que estos descubrimientos deberían impulsar un mayor monitoreo de las masas de aire dentro de los sistemas de salud pública, con el fin de prevenir brotes de enfermedades respiratorias. “Así como se analiza el polen para seguir las alergias, se podría incluir un muestreo rutinario del componente microbiano atmosférico”, sugiere el investigador.
El estudio abre nuevas preguntas sobre cómo los microorganismos, impulsados por las corrientes de aire, podrían influir en la salud global y la propagación de patógenos, un fenómeno que apenas comienza a explorarse.
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