Santiago de Chile, 26/08/2024 (Más/IA).- Rosario tenía apenas 17 años cuando comenzó a vivir lo que describe como una “película de terror” al interior de la congregación religiosa de los Legionarios de Cristo en Santiago de Chile. Su relato de violaciones y torturas sufridas en el Centro Estudiantil, una casa de la congregación, es parte de una investigación que la Fiscalía chilena ha abierto contra la orden por abusos sexuales y encubrimiento. Rosario, ahora de 33 años, es una de las cuatro denunciantes cuyos casos están siendo investigados por las autoridades.
Durante los años 2008 a 2010, Rosario fue víctima de abusos sistemáticos cometidos por siete sacerdotes legionarios y dos consagradas del Regnum Christi, la rama femenina de la Legión de Cristo. Entre los abusadores, recuerda a un sacerdote que la sujetaba mientras daba instrucciones al resto, y a otro que, según su testimonio, agradecía a Satanás por permitirle satisfacer sus necesidades.
Rosario, que prefiere mantener su apellido en el anonimato, detalla cómo fue manipulada desde que era una niña en el colegio Cumbres de Santiago. Allí, bajo la presión de las consagradas, aceptó ingresar al Centro Estudiantil para discernir si debía hacer votos en el Regnum Christi. Lo que encontró fue un infierno: abusos sexuales, drogas y violencia en una rutina diaria de terror. Sus agresores, de nacionalidad mexicana y chilena, la violaban incluso en la capilla y el confesionario, donde debería haber encontrado refugio.
La joven logró salir del centro en 2010, pero el daño ya estaba hecho. Años de hospitalizaciones y terapias siguieron mientras intentaba procesar el horror que había vivido. En 2019, Rosario denunció los hechos ante la Congregación para la Doctrina de la Fe en el Vaticano, pero su caso fue desechado tras un proceso que describe como revictimizante. Ahora, con el apoyo del abogado Juan Pablo Hermosilla, su lucha por la justicia continúa en Chile.
La denuncia de Rosario no es la única que pesa sobre los Legionarios de Cristo.
Martín Mewes, de 35 años, también ha dado un paso al frente para contar su historia. Cuando tenía 10 años, fue abusado sexualmente por el sacerdote Luis Francisco González, conocido en el colegio San Isidro de Buín como “el cura perro”.
Mewes, quien había bloqueado el trauma por años, revivió los recuerdos durante su lucha contra el alcoholismo. Decidió hacer pública su denuncia en solidaridad con Rosario, reconociendo al sacerdote Daniel Reynolds como alguien que, aunque no lo abusó, lo presionaba para mantenerse en la fe católica.
La investigación en curso en Chile es inédita por su enfoque: no sólo busca esclarecer los abusos sexuales, sino también el encubrimiento sistemático por parte de la congregación. Hermosilla, quien ha representado a más de 400 víctimas de abusos clericales en Chile, advierte que la lucha por la justicia será larga y compleja. A pesar de los intentos de los Legionarios por cerrar el caso, tanto Rosario como Mewes esperan que las instituciones chilenas reconozcan su sufrimiento y se haga justicia.
Mientras el proceso avanza, la sombra del encubrimiento y la complicidad institucional sigue pesando sobre los Legionarios de Cristo, una congregación que ha sido señalada en múltiples ocasiones por proteger a sus miembros en lugar de a sus víctimas. Para Rosario y Martín, su lucha ya no es sólo por ellos, sino para evitar que otros sufran el mismo destino.
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