POLOS DE DESARROLLO

Por Horacio Cárdenas Zardoni


La casi presidenta electa de México, Claudia Sheinbaum Pardo ha dado, o más bien ha intentado dar muestra de que su gobierno no será una continuación de la de su mentor y promotor, Andrés Manuel López Obrador. La suya es una lucha enconada de desgaste, por deslindarse sin que parezca que lo hace, sin querer ofender a quien se ofende de todo, y sin parecer desagradecida para con aquel a quien le debe todo.


De por sí que si de algo han criticado a Claudia Sheinbaum es de lo desafortunado de su sonrisa, que siempre aparece forzada, casi un rictus, en estos meses ha sido todavía más triste de ver, pues es imposible sonreír cuando todo hace indicar que se la está llevando el tren, sus sonrisas no son de felicidad, más parecen rictus de nervios o de enojo, y lo peor es que tiene que simularlas cuando está con el actual presidente de la república, que ha adoptado como una de sus últimas estrategias de campaña, el recorrer el país en una gira del adiós, lo cual es muy común que hagan todas las estrellitas que ven apagarse su ciclo, pero lo que sí es novedad es que haya decidido arrastrar a Claudia en sus paseos, como si no tuviera un gobierno que organizar, literalmente se la pasa perdiendo el tiempo en eventos y traslados, siendo lo más incómodo y desagradable que tiene que soplarse en cada una de ellas, nuevas sesiones de adoctrinamiento, con el agravante de que no puede salir como cualquier hija contestona con un “ya, déjame ser”. Pero bueno, dicen que no hay plazo que no se cumpla, y el día último de septiembre se acaba el sexenio de López Obrador e inicia el de Sheinbaum, habrá que ver si de veras el presidente se va a su rancho allá por Palenque, Chiapas, o por el contrario, trata de continuar coucheando a su pupila, que está por verse si le da acceso a Palacio Nacional.


Pero lo grave de todo el asunto es que a como se van viendo las cosas, la tal separación, el estilo personal, el sello propio, no pintan demasiado. Lo peor que le podría pasar al país es lo que ha anticipado ella misma, que su gobierno sea el segundo piso de la cuarta transformación, que como lo hemos dicho muchos, es el peor de los augurios, toda vez que si por algo se ha caracterizado MORENA en este gobierno federal y en algunos estatales, es precisamente porque las construcciones por encima del suelo no se le dan… se caen, se hunden, se desmoronan, o una combinación de todo lo anterior.
En días pasados Claudia Sheinbaum dio a conocer que su modelo de crecimiento económico está basado en lo que dará en llamar Polos de Desarrollo para el Bienestar, concepto que dice la futura presidenta que es una continuación del esquema puesto en práctica por Andrés Manuel López Obrador durante su feneciente gestión, aquí su sello personal sería que en vez de ser diez, serán doce los polos de desarrollo a impulsar, ah y por supuesto el agregado de que son polos de bienestar, puntualización que ni siquiera al mismísimo ideólogo del morenismo se le ocurrió, y a ella sí.


La verdad, la verdad, es que no tenemos noticia de que los polos de desarrollo de López Obrador hayan sido un éxito rotundo, más bien nos atreveríamos a decir que no tenemos ninguna idea de cuales fueron y qué tal les fue. En su momento sí escuchamos que se iban a crear varios parques industriales, o bueno polos de desarrollo, a lo largo del corredor transístmico, y repetimos no sabemos si ya están, si están atrayendo montones de empresas, si están generando montañas de dinero, y si han atraído a miles de trabajadores de las regiones aledañas, para que no tengan que migrar a las regiones tradicionales, entre las que se halla Saltillo, Monterrey y las ciudades fronterizas.


Ojalá que durante las ocasiones en las que ha hablado del tema Claudia Sheinbaum, las últimas ante los banqueros y la CANACINTRA de Nuevo León, se hubiera sincerado lo suficiente como para decir van a estar aquí, aquí y allá, y no creemos que haya sido para evitar que los especuladores se lanzaran como lobos a comprar terrenos como si fueran los alrededores del AIFA o del Aeropuerto de Tulúm, nada de eso, en la cuarta transformación al cuadrado no ocurre eso, no son iguales… o bueno, habrá que ver si sigue siendo vigente esta última frase hecha. Nos interesa en particular la ubicación de los tales polos de desarrollo, porque… el sexenio que termina nos dejaron fuera, ¿nos incluirán en el siguiente? Vaya a resultar que Coahuila vuelva a quedar al margen de los grandes proyectos nacionales, obligado a rascarnos con nuestras propias uñas en proyectos que mire, ahí la llevan y sin tanta pretensión que termina en poco más que nada.


Mucho nos tememos que los polos de desarrollo, los actuales y los próximos, corran el mismo destino que las universidades del bienestar Benito Juárez, de las que no conocemos ni un solo egresado ni titulado.


Lo que sí recordamos es que en los tiempos neoliberales… efectivamente, se acusó que los presidentes hacían grandes negocios inmobiliarios. Específicamente se hablaba de desarrollos turísticos como Vallarta y Cancún, Manzanillo y Zihuatanejo. Algunos ya estaban y otros crecieron, pero al paso no de un sexenio, sino de décadas, fuertes inversiones y planes concertados.
A lo mejor los polos de desarrollo de López Obrador germinan en unos veinte o treinta años, y los de Sheinbaum en unos treinta o cuarenta. Dicen que Roma no se hizo en un día, y la cuarta transformación, pazguata como es, se tomará mucho más que eso. En fin, de lo que está dando muestra la presidenta es que no se alejará demasiado de lo que hizo su mentor, y esto no es algo que rinda resultados.


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