Los Gobiernos de ambos países ofrecen a los mexicanos volver a sus comunidades con garantías de seguridad, pero, hasta ahora, ninguno de los desplazados ha retornado
REDACCIÓN MÁS / IA
Hace una semana, cientos de mexicanos de Chiapas iniciaron un éxodo hacia Guatemala, huyendo de la violencia de los cárteles que se disputan el control del estado sureño. Los Gobiernos de ambos países, en colaboración con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), han desplegado acciones humanitarias para proporcionar techo y comida a las familias desplazadas, según reportó el diario EL PAÍS.
Las autoridades estiman que alrededor de 600 mexicanos se han instalado en refugios del municipio fronterizo de Cuilco, en el departamento de Huehuetenango. Este éxodo es insólito, ya que las migraciones en la región normalmente se dirigen hacia el norte, hacia Estados Unidos.

El Gobierno mexicano no ha explicado oficialmente cuántas personas se han desplazado, ni ha proporcionado información detallada sobre las edades, géneros o necesidades específicas de los afectados. Sin embargo, el fin de semana, México y Guatemala emitieron un comunicado conjunto en el que afirmaron que han brindado asistencia humanitaria y consular a los desplazados, así como protección. También ofrecieron la posibilidad de que los mexicanos que lo deseen regresen voluntariamente a sus comunidades «en condiciones de dignidad y seguridad».
Para regularizar la situación migratoria de los desplazados, el Gobierno guatemalteco ha expedido varios certificados de permanencia humanitaria, con vigencia de 30 días prorrogables. Juan Manuel Zardain, integrante de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos de Chiapas, afirma que unos 200 mexicanos han recibido dicha certificación, lo que les asegura refugio y alimento. No obstante, Zardain señala que muchos desplazados tienen temor de regresar debido a que el conflicto continúa.

Decenas de familias huyeron de Chiapas debido a la guerra entre el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación por el control del tráfico de migrantes. Zardain explica que los cárteles obligan a los habitantes a trabajar para ellos, realizando retenes en las carreteras, y aquellos que se niegan enfrentan consecuencias fatales.
La organización guatemalteca Pop No’j ha brindado apoyo humanitario a los desplazados mexicanos. Gilmar Gerónimo, integrante de la asociación, detalló que dos escuelas fueron habilitadas como albergues temporales para resguardar a las familias. En la escuela El Rodeo se encuentran al menos 28 familias, mientras que en la escuela Nueva Reforma hay otras 35. Sin embargo, Gerónimo advierte que los esfuerzos no han sido suficientes y se han instalado centros de acopio para recibir comida, medicinas, colchones, ropa y productos de higiene.

Chiapas, otrora un estado tranquilo en el sureste mexicano, ha sido noticia en los meses recientes debido a las pugnas cada vez más intensas y públicas entre los cárteles. Los grupos criminales no solo disputan el negocio de las drogas, sino también el tráfico y las extorsiones de migrantes. Mientras una caravana de unos 3 mil migrantes se dirige hacia la frontera norte de México, cientos de chiapanecos han optado por dirigirse al sur. Zardain subraya que este éxodo hacia Guatemala es un hecho inédito y destaca la muerte de un mexicano de 93 años en uno de los albergues.
El diario contactó a un portavoz de la Cancillería mexicana para preguntarle si algunos desplazados ya se han acogido al programa de repatriación, pero la solicitud no había sido atendida al momento de la publicación de esta nota. Zardain asegura que ninguno de los desplazados ha regresado al país.
Con información de EL PAÍS
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