EL QUE LO DESFEDERALICE, DESFEDERLIZADOR SERÁ 

Por Horacio Cárdenas Zardoni 

Casi podríamos decir que lo que está sucediendo con el supuesto impago o retraso en los pagos de sueldos de los empleados del Colegio de Estudios Científicos y Tecnológicos en Coahuila, no obedece a una cuestión política o siquiera económica, sino a un ejemplo clásico de la llamada ley del péndulo.
La Ley del Péndulo, recordando nuestras clases de física de la secundaria, es un sistema mecánico en el que una masa recorre el espacio vertical obedeciendo a los principios de oscilación y periodicidad… esa es la teoría, y tam6la práctica.
Traído a las ciencias sociales, o a lo social sin ciencia, se asume que las tendencias de un fenómeno en cualquier ámbito, se comportan de la misma manera, oscilando de un extremo al otro opuesto.
Lo del CECyTE cae en esta categoría, y si nos permite el coloquialismo, sin deberla ni temerla. Porque el problema de ministración de recursos financieros para algo tan elemental, tan aburrida mente burocrático como el pago de la nómina quincenal, y algo todavía más relevante, como sería la asignación de dinero para la apertura de grupos, ciclos y carreras, está viéndose afectado por la ley del péndulo, más que por el conflicto o falta de afinidad política entre la administración estatal y el gobierno federal, que es un ingrediente aparte.
Hubo un tiempo en el que la única universidad importante en el país, era la UNAM. Todo alumno que quisiera formarse de lo que fuera, tenía que irse a México a estudiar, o verse condenado a un ejercicio profesional más bien gris en su estado. Ese es el punto de partida del péndulo de la política educativa en este país. Por allá en los años cincuenta del siglo pasado, se tomó la decisión trascendental de que cada entidad federativa debería tener una, si no es que dos, universidades públicas estatales. Así comenzó una larga tarea de fundación o consolidación de las universidades en casa estado, el proceso duro unos 20 años, la última fue la Universidad Autónoma de Aguascalientes. Corrían ya los años setenta, y se dio un movimiento en dos sentidos, uno para afianzar la autonomía, y el opuesto para revertirla, pues nadie quería en el gobierno otro 1968.
Fue entonces que el péndulo osciló, pero en otro plano, se dejó de pretender que todos los mexicanos adquieran una formación universitaria, que fueran críticos y agentes de cambio social, para buscar que se formarán como técnicos, menos polítizados, pero más aptos para incorporarse a la planta productiva, no al más alto nivel, pero si uno funcional.
Las universidades resintieron un abandono, sobre todo presupuestal, pues el dinero se fue a crear colegios profesionales, centros de educación científica y Tecnológica, en gran variedad de especialidades, agropecuaria, industrial, administrativa, de servicios, entre otras. También tuvieron su momento de oro, mismo que ha venido a menos de unos años para acá.
También los Conaleps, CECyTEs, Bachilleratos técnicos, etc. han sufrido los vaivenes pendulares, estando ahorita en uno de los más críticos. Si en algún tiempo se les dio manga ancha, e incluso se descentralizó su gestión a los estados, de repente llega un gobierno federal que al contrario, todo lo quiere tener en un puño, y para lograr esto está dispuesto a hacer lo que sea, entre ello asfixiar a las instituciones hasta que los estados vengan rogando a pedir que sea la federación la que se haga cargo de sus gastos, y de ellas.
En lo que va del sexenio federal, las instituciones educativas públicas han sufrido como nunca antes, se les mantiene con un presupuesto mínimo, que además se les regatea, se les presiona para aceptar más alumnos, sin que se amplíe la capacidad de atenderlos. Muchas han cerrado grupos, cancelado turnos, eliminado carreras, y el proceso todavía no termina.
En Coahuila han padecido la UAdeC, el COBACH, los Cebetys, ahora los CECyTE, y la moneda está en el aire ¿que traerá el nuevo sexenio, completar la tan anhelada concentración de poder y control de todas las instituciones, o una reversión, y no al estado de cosas anterior, sino a uno superior, que de paso a un nuevo viaje del péndulo?.
No es consuelo, pero así ha sido siempre esto, si acaso nos ha tocado en suerte ver cómo se acelera, lo cual sí, es interesante, pero a muchos se los está llevando de encuentro, pero al menos ya solo falta un mes para saber que se nos viene encima.

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