Por Marco Campos Mena
Esperamos que hayan pasado una excelente Navidad y que el cierre de año venga acompañado de reflexión y gratitud. Antes de dar paso al 2026, vale la pena hacer un breve recuento de lo vivido y agradecer, porque a pesar de todo, seguimos aquí.
Desde hace años pareciera que repetimos la misma frase: “El próximo año vendrá peor”. La economía no mejora, la inflación sigue al alza, cada vez somos más personas y las carencias aumentan. Siempre hay algo de qué quejarse. Y es verdad. Los tiempos de bonanza que recuerdan abuelos y bisabuelos difícilmente volverán, al menos no en el corto ni en el mediano plazo.
Sin embargo, también es cierto que enfocarnos únicamente en lo que falta nos impide ver lo que sí tenemos, lo que hemos logrado y lo que todavía podemos hacer.
El 2025, comparado con años anteriores, trajo una relativa tranquilidad. Atrás quedaron los momentos más críticos de la pandemia y, aunque la violencia sigue presente, los grandes enfrentamientos visibles parecieron disminuir. Esto no significa que el problema haya desaparecido. Muchos delitos hoy se disfrazan de desapariciones o simplemente no se denuncian por miedo a represalias o por la percepción cada vez más extendida de colusión entre autoridades y delincuencia organizada, una sospecha que no luce tan lejana ante los vínculos que han salido a la luz recientemente.
En el ámbito político y social hubo reformas relevantes. Particularmente en materia laboral, se avanzó en temas que por años fueron considerados deuda histórica: reducción de la jornada, más vacaciones y mejores condiciones para los trabajadores. Sin duda, 2025 fue uno de los años con mayores beneficios laborales recientes y marca el inicio de un nuevo rumbo para México.
No es coincidencia, desde la renegociación del T-MEC, Donald Trump presionó para que México mejorara sus condiciones laborales como requisito para competir en igualdad y esto impulsó los cambios necesarios. México apostó durante años a la mano de obra barata en lugar de invertir en capacitación, infraestructura, conectividad carretera y ferroviaria. Hoy, ese modelo muestra sus límites y puede convertirse en uno de nuestros principales obstáculos para la competitividad.
Las reformas ya están en marcha. El desafío es lograr una transición viable. Se vuelve indispensable una colaboración real entre gobierno y sector empresarial que permita adaptarse sin colapsos. No es imposible, pero requiere planeación, diálogo y voluntad.
En salud, el panorama sigue siendo preocupante. La escasez de medicamentos continúa y las soluciones han sido más ocurrencias que estrategias de fondo. Se pasó de una megafarmacia a microfarmacias que solo cubren lo mínimo indispensable. ¿Qué pasará con quienes no tienen acceso a salud privada?, ¿cómo pagarán medicamentos de alto costo que el sistema público ya no provee?
Muchos especialistas coinciden en que el fortalecimiento de programas sociales, becas y pensiones implicó recortes severos al sector salud. Hoy, miles de personas están pagando las consecuencias. El sistema mexicano está muy lejos de parecerse al de Dinamarca, aunque así se insista desde el discurso oficial. Y aunque no nos guste, es el modelo que tenemos. No queda más que ajustarnos, ahorrar y prepararnos.
El 2026 será, como cada año, un año de grandes retos. No se anticipa una crisis devastadora, ni por la deuda ni por los rezagos postpandemia, pero sí un entorno que exigirá mayor responsabilidad financiera personal. Será momento de buscar nuevas oportunidades y saber aprovecharlas.
La inteligencia artificial será la fuente de riqueza para muchos, y la pregunta es: ¿podremos ser uno de ellos? La tecnología existe, los cursos están disponibles, pero seguimos enfrentando una gran carencia: la disciplina para aprender, la capacidad de ser autodidactas y el valor de emprender en lo desconocido. Cuando surgió internet, miles se hicieron millonarios y hoy, la historia podría repetirse con la inteligencia artificial.
También tenemos que considerar que muchos empleos formales desaparecerán. La automatización avanza y las empresas prefieren máquinas eficientes antes que mano de obra humana. Esto afectará la generación de empleo y reducirá la ventaja competitiva laboral. Algunas compañías incluso optarán por regresar a sus países de origen para ahorrar costos logísticos y arancelarios.
Aun así, toda revolución trae consigo nuevas oportunidades. Como ocurrió en la revolución industrial, los empleos que desaparecen dan paso a otros nuevos. El reto está en desarrollar habilidades distintas: aprender a usar, operar y convivir con la inteligencia artificial. El verdadero riesgo lo enfrentarán quienes solo aportan mano de obra y no capital intelectual.
Estos cambios también están impactando la estructura social. Cada vez más familias deciden tener uno, dos o ningún hijo. Las prioridades cambian. La población mundial eventualmente disminuirá y con ello podríamos entrar a una etapa de mayor calidad de vida, con menos presión sobre los recursos naturales. Hoy consumimos alimentos transgénicos, agotamos mares y devastamos ecosistemas para sostener una población creciente. La naturaleza, tarde o temprano, reclamará su espacio.
Quizá dentro de una o dos generaciones veamos una población humana reducida a la mitad. Menos empleos, sí, pero también mejores condiciones de vida. Por eso, la preparación de nuestros hijos es clave y no puede postergarse más. ¿Qué educación recibirán?, ¿qué valores tendrán?, ¿cómo enfrentarán el mundo que viene?… esas preguntas deben responderse hoy.
El 2026 marcará el inicio visible de un cambio profundo. Un cambio que transformará nuestro sistema económico, financiero y social. Vendrá más control, más digitalización y mayor dependencia tecnológica, como ya ocurre en países como China. Esto nos obligará a aprender, desaprender y reaprender.
El futuro no será sencillo, pero tampoco está escrito. Depende de nosotros anticiparnos, adaptarnos y comenzar hoy.
Que el año que inicia no sea solo uno más en el calendario, sino el punto de partida para nuevas metas, nuevos retos y un crecimiento consciente frente a los cambios que ya están aquí.
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