AGUA: A GRANDES MALES

Por Horacio Cárdenas

Solo como anécdota, vale la pena recordar que en el sexenio de Rogelio Montemayor se dieron algunas de las ocurrencias más simpáticas de la política del siglo pasado. La Secretaría de Educación Pública, a cargo nadie se explica cómo o porqué, cayó en manos del ya no tan flamante gran sabueso del enriquecimiento inexplicable, Óscar Pimentel González, quien implementó aquel tristemente célebre Programa de Valor Éticos, que acá entre el magisterio nadie entendió nada de nada, y que en foros nacionales fue llamado socarronamente la mejor broma educativa de todo el sexenio; también se dio aquella gran idea de bombardear nubes… proyecto en el cual anduvieron bailando un millón de pesos, de aquellos pesos no de estos que no compran ni una pipa para agua, en que estuvo metido Altos Hornos de México, aquella AHMSA, no esta tan de capa caída; lo de la carretera Monterrey Monclova Ojinaga, que no era tan mala idea, pero para la que nunca hubo dinero suficiente; y la más estrambótica de todas, que involucró la contratación de unos supuestos especialistas eslovacos, que luego de varios paseos de allá para acá y de aquí para allá, llegaron a la solución ideal: traer agua del Río Bravo, hacer una derivación, un acueducto de grandes dimensiones, que fuera regando con agua de la frontera por cada pueblo por el que pasara, Sabinas, Monclova, hasta llegar a Saltillo, la idea era genial, lo sigue siendo, como todas las grandes ideas, brilla por su simpleza, nomás dejó pendientes un par de detalles: ¿cómo financiar el costo de una obra de esas dimensiones?, y no menos importante ¿qué hacer con los Estados Unidos, con los que existe un tratado de límites y aguas, que limita el uso que podamos hacer los mexicanos y los coahuilenses para contener y utilizar el líquido que al tiempo que nos sirve de frontera, también compartimos. ¿Cuánto cobraron los eslovacos por decirnos lo que aquí hubiera sugerido cualquier opinador cafetero trasnochado?, casi imposible de saber, es de antes de las leyes de transparencia, pero debió ser una fuerte suma, para una broma tan excelsa como la de los valores éticos.

Pero independientemente de que cuando con bombo y platillo aquel despacho europeo entregó su informe hubiera parecido una idea disparatada, nos queda clara una cosa, ya desde entonces había la preocupación por la insuficiencia de agua para cubrir todas las necesidades presentes, de entonces, y futuras de diversas regiones del estado de Coahuila, y eso que no se contemplaba a La Laguna, que también desde aquella época ya comenzaba a padecer problemillas como el abatimiento de los pozos, la presencia de arsénico y otras sales en el agua extraída de cada vez mayor profundidad, afectaciones a la salud de la población por beber ese líquido, y lo que más le importa a los políticos de la tendencia ideológica que sea ¿va a alcanzar el agua como para que se sigan instalando empresas en la región, o tenemos que comenzar a despedirnos de ellas?

Cuando hace una década se hablaba del proyecto Monterrey VI, para traer agua del río Pánuco a la capital de Nuevo León, como que de repente el otro proyecto, aquel de los eslovacos, ya no sonaba tan descabellado como al principio, sin que por ello se haya ni siquiera pensado en cómo podría hacerse realidad ante una eventualidad de una escasez de líquido tan apremiante, que pusiera en peligro la viabilidad de las áreas metropolitanas coahuilenses.

Los vecinos de Nuevo León se están dando de topes en la sebosa cabeza, porque no se han podido bañar por falta de agua, de haber cancelado aquel proyecto hace ya varios años. Efectivamente, planteaba costar muchos millones, de inicio, y como siempre, terminar costando entre un cincuenta y un cien por ciento más, ya sabe, por el aumento de los materiales, pero a la distancia de los pocos años, hubiera valido la pena. En este 2022, que al menos en Coahuila se ha dejado sentir como un año especialmente caluroso, por encima de los que recordamos del pasado cercano, tener resuelto el tema del líquido, no de aquí a mañana, sino a un horizonte razonable de veinte o treinta años, daría una tranquilidad a los habitantes, y motivaría a las empresas y corporativos a continuar sus operaciones en la región, sin temor de que les cierren la llave, o peor aun la pesadilla, de que de la llave no salga nada aunque esté abierta.

Lo han comentado algunos analistas, someros, ya que no contamos con otros que sean más profundos, es de llamar la atención de que mientras que en la región lagunera están padeciendo ya la escasez de líquido, y viven entre esperanzados y preocupados respecto a la realización del Programa Agua Potable para La Laguna, mientras que en el área metropolitana de Monterrey la situación alcanza niveles críticos, no por las mismas razones, sino por otras más llamémosles estéticas, en efecto, la gente está teniendo problemas para bañarse, para lavar su carro o su ropa, y ya se habla de escasez de agua embotellada para beber… además de otras bebidas que tienen como base el agua, más sus agregados, que la eleva de precio hasta los cielos. ¿Hasta donde puede llegar la crisis del líquido en Nuevo León, un estado con la capacidad económica para afrontar muchos de los problemas que se le han ido presentando a lo largo de su historia?, no queremos ni saber, porque no va a ser nada agradable.

Pero aprovechando que n estamos los saltillenses en esa situación tan crítica, bien valdría la pena ponernos a pensar en qué podríamos emprender con tal de no llegar a esos extremos, y claro, no irnos por todo lo alto, que como sabemos, por los elevados costos hacen que las mejores ideas se queden solamente en eso. Las acciones deben darse a nivel de los individuos y de las familias, para que lo otro, no sea tan necesario o al menos, no tan pronto.

Nada hay de nuevo al respecto, se ha hablado y se ha reiterado, sin que la mayoría adoptemos estas medidas tan elementales. Por principio de cuentas, abandonar la manía tan saltillera de lavar la cochera y la banqueta con la manguera abierta ¿qué necesidad, a poco de veras está tan sucio el concreto, como para ameritar esa dedicación, semanal en algunas casas y diaria en no pocas?, créame que nadie se fija si una banqueta está lavada o no. Lo mismo o todavía más reza para nuestro amor por el agua caliente, para que salga caliente o a la temperatura que a nosotros nos gusta, muchas veces desperdiciamos más agua que la que efectivamente nos cae en la cabeza. Lo ideal de plano sería bañarnos con agua al tiempo, así ahorraríamos no solo líquido sino también gas, que está carísimo. Pero bueno, si de todos modos nos vamos a bañar, ponga una cubeta para recoger el agua que sale por la tubería mientras llega la caliente, esa agua le puede servir para trapear, para regar las plantas, para lavar, es agua potable que si no la recogemos se tira sin haberse usado, lo cual es una vergüenza. Por supuesto el agua hay que usarla varias veces… la que se usa para cocinar, no tirarla a la tarja, sino usarla para riego, la de los trastos lo mismo, la de trapear, toda puede ir a dar a la maceta o al pequeño jardín. Son simplezas sí, pero hacerlas redunda en no notar que nos falta el agua, además de que retrasan, ojalá para siempre, tener que traer agua del Bravo, del Pánuco, del mar… desalinizándola. A grandes males, grandes remedios, pero los pequeños también son buenos, y hasta mejores.