¿Nuestro transporte urbano corresponde a una de las mejores ciudades para vivir?

Por Carlos Ramos

              Trienio tras trieno, con o sin re-elección, alcalde que llega al cargo en Saltillo muestra interés en resolver los problemas del transporte urbano. Después de mostrarse valentones y presentar algunos programas, al paso de unos meses el tema queda donde siempre: unidades en mal estado físico y mecánico, choferes improvisados y atrabancados, rutas financieramente quebradas, accidentes viales y un estira y afloja entre autoridades y concesionarios para ver de cuánto será el próximo aumento a la tarifa individual. Específicamente hablando de las unidades de transporte masivo, es decir, los camiones.

La pandemia vino a exhibir la fragilidad de algunas rutas municipales que terminaron por desaparecer ante la disminución de la demanda de su servicio de transporte y ante un gobierno municipal que se quedó con los brazos cruzados mientras esto pasaba. Algunos estudios abordaron el tema desde el punto de vista sobre los impactos social y económico a una ciudad en caso de que el transporte público desapareciera: pérdidas económicas para las empresas, rezago educativo en niños y adolescentes, disminución del comercio local y reducción del poder adquisitivo familiar. Imagine usted la semi-parálisis de una ciudad con un solo día sin transporte urbano.

En Saltillo llevamos varios trienios atorados en el mismo dilema, año tras año: transportistas pidiendo un aumento a la tarifa argumentando incremento en sus costos de operación, autoridades municipales negando o negociando el incremento a cambio de modernización de unidades y capacitación de choferes. Año tras año es lo mismo, y las unidades no mejoran (continúan con un grave rezago en modernización comparado con otras ciudades) y los choferes tampoco muestran una mejoría significativa en su presentación, servicio y renumeración integral (prestaciones).

Salvo uno que otro estudio realizado por el IMPLAN, no hay estudios que presenten como romper este circulo vicioso y tener un transporte público al nivel de “una de las mejores ciudades para vivir del país” o “de uno de los alcaldes mejor evaluados del país”.

En Nuevo León, que cuenta con un Instituto Estatal del Transporte, organismo serio en su organización y en su forma de trabajar, antes de sentarse a rebatir como tradicionalmente lo hacen transportistas y autoridades en Saltillo, dijeron “hagamos un estudio para ver lo de sus solicitudes de incremento a las tarifas”. El estudio reveló, que para que los concesionarios fueran capaces de re-invertir óptimamente en más rutas y mejores unidades al nivel que los usuarios lo solicitaban, era necesario aumentar la tarifa en…8 pesos! Imagina usted las protestas que se darían por un incremento de este nivel (aún y cuando era el adecuado para tener un excelente transporte urbano)?

Puebla tiene transporte público exclusivo para discapacitados.

Al otro extremo del país, Mauricio Vila, gobernador de Yucatán, presentó la semana pasada el IE-TRAM, un transporte público único en Latinoamérica, 100% eléctrico, con Wi-fi, cargadores USB, geolocalizador e incluyente para personas con discapacidad. Ni que decir de su estética exterior, al nivel de países escandinavos  y del norte de Europa.

Y de países europeos hablando, Luxemburgo ofreciendo transporte público gratuito y Alemania con una campaña temporal reduciendo el costo del pasaje como una medida para captar usuarios y reducir el tráfico y la contaminación ocasionado por los automóviles.

Qué están haciendo entonces otros estados y países que en Saltillo no estamos haciendo?

1.- Rompieron el paradigma de que no se le deben invertir recursos públicos al transporte urbano. El subsidio y la co-participación pública-privada son necesarios y sanos para elevar el nivel de las unidades de transporte y la calidad del servicio.

2.- Ven al transporte público como parte de la solución a la contaminación. Un transporte público de calidad atractivo a quienes tienen automóvil reducirá la contaminación. Una unidad de transporte público saca de circulación a por lo menos 10 vehículos.

3.- Un transporte público atractivo como parte de la solución a los problemas de tráfico. Nuestra ciudad ya tiene un problema de tráfico vehicular. Es una ciudad con un índice importante de autos por habitante. Es más rentable incrementar los incentivos al transporte urbano que invertir en más y más puentes.

4.- Están conscientes de su papel en la mesa de negociación, sin pretender ser más, ni menos, que los transportistas: “Si los concesionarios no le entran, yo le entro”, “estamos dispuestos a invertir recursos públicos para obtener beneficios públicos (rentabilidad social) en transporte para los ciudadanos”. Son posturas de gobiernos de vanguardia con visión y responsabilidad en el tema.

Sentarse año tras año a discutir los pesitos del próximo incremento ha quedado demostrado que no es la vía para tener transporte público moderno y de calidad en Saltillo, mientras otras ciudades, otros gobiernos, con finanzas menos sanas y menos rankeados en evaluaciones públicas dan mejor calidad de transporte a sus ciudadanos.