Política y zona de confort

Por Juan Palacios.

  • Los grupos que controlan los partidos en el estado fueron sacados de su zona de confort.

Por estos días estamos observando en Nuevo León una serie de acciones que están moviendo a los grupos locales de su zona de confort.

Como he escrito en distintas ocasiones, los grupos locales del PRI y del PAN han preferido presentar candidatos más o menos débiles con el objetivo de que no ganen las elecciones, ya que se han dado cuenta de que desde el Congreso local pueden manejar muchas situaciones para su beneficio.

Por otra parte, esos grupos prefieren mantener ciertos feudos, como algunos municipios del área metropolitana, además del Congreso, que verse en la necesidad de lidiar con un gobernador de su propio partido que se manejaría de facto como el jefe estatal, lo cual va en contra de ciertos grupos que se han constituido en los poderes fácticos de la política local.

Sin entrar al análisis de quién gana y quién pierde en el momento actual, llama la atención el hecho de que los grupos políticos entren en una zona de confort y se acostumbren a mantenerla para gozar de determinados privilegios y se conformen con eso.

De alguna u otra forma son el equivalente a las empresas que no compiten porque tienen un monopolio o un nicho de mercado en el cual no enfrentan competencia, en otras palabras, a esas empresas les va bien porque extraen rentas con las cuales se sienten satisfechos y por las cuales no tienen que competir contra otros jugadores.

Así se habían acostumbrado algunos grupos políticos en el estado, a vivir de sus rentas y hoy que les mueven un poco el escenario reaccionan precisamente porque ven amenazado su lugar en el contexto político local. Su nicho en el mercado político estatal, ese del cual extraen sus “rentas”.

Sucede que precisamente así está diseñado el sistema político mexicano por lo que respecta al sistema de pesos y contrapesos, en el cual se genera este tipo de situaciones.

Por supuesto que los grupos que controlan el Congreso, algunos municipios, principalmente del área metropolitana, e incluso el Poder Judicial y la Fiscalía General del Estado se sienten amenazados por la respuesta que ha tenido el gobernador ante el amago de restarle poder al ejecutivo controlando los organismos descentralizados.

Es una situación interesante de la cual se pueden desprender algunos cambios en la vida pública estatal, así como en la composición de los grupos locales, quizá la forma en que les ha movido el tapete el gobernador los llevará a ser más aventurados en las próximas elecciones.

Cabe la posibilidad de que vayan por la mayoría de los distritos locales para tener, ahora sí por ellos mismos, la mayoría calificada en el Congreso local y no depender de acuerdos intergrupales, porque, por lo que se puede observar desde fuera y sin información del interior de esos grupos, no hay una plena confianza entre ellos, lo que les impide lograr su objetivo de quedarse con los nombramientos de todo el sector paraestatal.

Ya se dieron cuenta que los equilibrios del tipo que han conseguido pueden ser muy frágiles, que si bien controlan el Congreso y algunos municipios, ese control puede ser disputado en la medida de que alguien tenga la voluntad política y el poder para hacerlo.

Si frente al Bronco las cosas les salieron a pedir de boca, Samuel quiere escribir su propia historia y en ella, parece, no entra la palabra rendición.

Así es que vamos a esperar el desenlace de esta novela, esperando que los actores no nos lleven entre “las patas de los caballos” a los ciudadanos de a pie.