MAESTROS Y MAESTROS


Por Horacio Cárdenas Zardoni

La nota circuló la semana pasada, y como tantas otras de gran importancia, quedó sepultada entre el cúmulo de información que caracteriza nuestra época actual, pero esta, por sus características, debería resaltar, porque de más de una manera pone en duda los cimientos mismos de nuestra sociedad.
Será que hemos oído tanto y visto tanto más, que el asunto no nos pareció merecedor de mayor atención ni interés. Resulta que la Secretaría de Educación del gobierno del Estado de Coahuila, había dado a conocer que se habían encontrado “decenas”, de casos en los que profesores afiliados a la Sección Quinta del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, habían presentado certificados de que estaban enfermos de COVID 19, mismos que eran falsos. La intención de los trabajadores era la de tener un pretexto, un justificante documental que amparara los quince días que daba la autoridad para que corriera el curso de la enfermedad, saliera el virus de su sistema y no contagiaran a las personas con las que eventualmente pudieran entrar en contacto.
Conste que la nota estaba construida así, no decía que eran profesores pertenecientes a la Secretaría de Educación, sino al Sindicato, lo que puede interpretarse como un desliz del reportero, o más bien como lo que ocurre en realidad, que los docentes se sienten que primero son sindicalistas, y muy luego, si acaso, empleados de la administración pública estatal, con plaza en la citada Secretaría. La cuestión es que era uno de los líderes de la Sección, quien metía la cuchara del sindicato para tratar de justificar, para presionar, para orientar una decisión de la autoridad, para que se porte tolerante con los profesores que incurrieron en falta, o para decirlo como es, en fraude en grado de tentativa, falsificación de documentación oficial, mentirle a la autoridad, todo lo cual daría, podría dar pie a una pérdida de confianza, y a que se les retirara de sus funciones frente a grupo, si no por otra cosa, porque… una persona capaz de fabricar una mentira y arroparla con documentos falsos, ¿qué tipo de enseñanza puede ofrecer a los niños y jóvenes?, y aquí tampoco vale aquella reiterada frase utilizada por padres y docentes: haz lo que digo, no lo que hago, olvidándose que la mejor prédica, la única que vale, es la que se practica con el ejemplo.
El líder sindical, dando muestra de lo que finalmente son todos ellos, intentaba justificar con estrés, con ansiedad, por simple temor de los profesores de caer enfermos de un padecimiento que a todos nos consta que, en ciertos casos, es mortal, en muchos otros bastante pernicioso por las secuelas que deja, y que en un número incuantificable es capaz de enmascararse en la ausencia de síntomas, lo que no significa que el portador no sea agente de contagio. Así que allí lo tiene, los profesores, estresados, ansiosos, temerosos, fueron capaces de mentirle a su patrón, a la Secretaría de Educación, entregando certificados falsos, que por cierto ¿dónde los consiguieron?, seguramente allí donde también se compran títulos y cédulas profesionales falsas.
¿Qué no hubiera sido más correcto, más legal, menos deshonesto pedirle a su representante sindical que presionara, a nombre de todo el gremio, no solamente de uno, tres o cien casos de profesores ansiosos, que temían contagiarse, enfermar o morir de COVID 19?, no, prefirieron irse por el expediente fácil de la falsificación, otra vez, haciéndose de sospecha de si es la primera ocasión en que incurren en una conducta ilegal e inmoral, o al contrario, es una manera recurrente mediante la cual resuelven ellos sus problemas grandes y pequeños.
En los discursos del día del maestro se suele sacar a relucir la profesión y el ejercicio del magisterio como un apostolado… quienes los pronuncian y quienes los escuchan, realmente se creen que son eso, apóstoles, hombres y mujeres dispuestos a cualquiera y todo sacrificio con tal de sacar de la ignorancia a los niños de su generación, de tal manera que se conviertan en ciudadanos y gente de bien… ¿compartirán en la dirección jurídica, en la de personal, en la de administración de escalafón esta opinión que los profesores y sus líderes tienen de sus personas?
Un profesor que forma a un grupo, a varias decenas o cientos de alumnos a lo largo de su carrera magisterial, transmite toda clase de mensajes, y a como son las cosas, son más los negativos que los positivos los que impactan y los que se quedan.
Profesores que llegan tarde, profesores que faltan, maestros que dejan el semestre a la mitad parar irse de incapacidad real o inventada pero eso sí con el debido justificante, profesores en funciones sindicales que pasan décadas sin pararse en un aula, como no sea para alguna ceremonia, porque eso de dar clases… ufff, no, claro que no.
En algún momento del sexenio pasado se habló de que por cuestiones de eficiencia, de falta de recursos, de auditoría, de que finalmente les había caído el veinte de que era una ratería cobrar como profesores sin dar clases, a veces teniendo dos y tres plazas sin dar una sola clase, que se les iba a regresar a asignarles uno o varios grupos, según lo que cobraran. Y uno pensó ¿qué es lo que son capaces de enseñar a niños, con qué actitud van a presentarse a cada sesión de clase, si lo que preferirían es seguir cobrando sin trabajar?, casi que mejor seguirles pagando su sueldo y aislarlos, para que no causaran más daño, uno irreparable en la mente de los alumnos. No sabemos en que paró aquello, porque comisiones sindicales las sigue habiendo y nadie volvió a decir nada.
Profesores que compran los exámenes de promoción, que falsifican sus certificados y títulos, que compran o trafican con plazas, que compran certificados covid para decirse enfermos son estarlo… ¿cómo impedir que estas personas contaminen las escuelas y el sistema educativo?
La solución comenzaría con dos o tres castigos ejemplares para que cundiera el ejemplo, pero como sabemos, el sindicato pesa tanto… favor con favor se paga… y tantas otras situaciones indeseables que en vez de corregir, perpetúan las situaciones y los vicios. Por lo pronto esperemos, estos de los certificados falsos, casi seguro, se llevarán cuando mucho, un manazo de sus superiores, a ver si no piden incapacidad por tener fracturada la mano…