El hidrógeno verde, el combustible del futuro

Mariángeles Martínez

EFE REPORTAJES

El hidrógeno verde, que se obtiene a partir de energías renovables, se postula no solo como una de las grandes apuestas de la Unión Europea en su tránsito hacia una economía limpia y sin carbón, sino como el combustible del futuro en cuya combustión solo se emite vapor de agua, es decir, cero emisiones de CO2.

El hidrógeno (H2) es el elemento químico más simple y abundante del universo. Se encuentra en forma de gas y es incoloro, inodoro y no tóxico, pero a diferencia de los combustibles fósiles -carbón, gas natural, gasolina-petróleo-, no puede ser considerado como fuente primaria de energía, sino como un vector o un medio para transportarla.

Fue en el siglo XVI cuando el alquimista Paracelso hizo el primer registro del hidrógeno. Posteriormente, en 1765, el químico inglés Henry Cavendish lo aisló y lo distinguió de otros gases y en 1776, el francés Antoine-Laurent Lavoisier le dio el nombre con el que ha llegado a nuestros días.

Hoy, las sociedades industriales necesitan, para mantener e incrementar su desarrollo, elevados consumos de energía, que basan sobre todo en el uso de combustibles fósiles, los compuestos formados por la actividad de los seres vivos hace millones de años, muy contaminantes por las altas emisiones de CO2 a la atmósfera, y cuyas reservas son limitadas.

El hidrógeno, que ya en el siglo XIX se utilizó en coches, dirigibles y naves espaciales, es uno de los elementos que desde hace décadas se emplea en el refinado de petróleo, la fabricación de acero, la producción de amoniaco y vidrio, así como en la industria alimentaria, y en la farmacéutica.

La demanda de este gas, que se ha triplicado desde 1975, se cifra al año en más de 70 millones de toneladas y en la actualidad, prácticamente en su totalidad se produce a partir de hidrocarburos como el gas natural (un 6% del global) y el carbón (un 2% del global), por lo que en este momento es responsable de más del 2% de las emisiones de CO2 a la atmósfera.

LA META, LA NEUTRALIDAD CLIMÁTICA.

Tras años de estudios, las sociedades del futuro, que han puesto sus metas en la neutralidad climática y en la descarbonización de sus economías de cara a 2050, apuestan ya por el hidrógeno como alternativa energética a los combustibles fósiles.

Pero se trata del hidrógeno «verde», porque a diferencia del azul o gris, que se obtiene a partir del gas natural; el negro o marrón, del carbón, o el rosa, de la energía nuclear, el verde, es una energía 100% limpia, que se produce a través de electrólisis, el método que utiliza la corriente eléctrica para separar el hidrógeno del oxígeno que hay en el agua.

Y si esa electricidad empleada en el proceso se genera mediante fuentes renovables, es decir, eólica o solar, se obtiene además una energía limpia, sin ninguna liberación de carbono adicional a la atmósfera.

Producido ya como fuente de combustible cero emisiones y 100% sostenible, el hidrógeno verde se puede además almacenar y transportar en grandes cantidades para abastecer a todos los sectores.

A gran escala, el almacenamiento del hidrógeno es posible en el subsuelo y su transporte está garantizado tanto en estado gaseoso como líquido mediante tuberías y camiones, barcos y/o trenes, e incluso hasta un 20% puede viajar por los mismos canales e infraestructuras del gas.

NO TODO ES ORO LO QUE RELUCE.

Pero no todo es oro lo que reluce, ya que, aunque el hidrógeno es la energía del futuro, también cuenta con contrapartidas. Al igual que todas las energías procedentes de fuentes renovables, claves para la elaboración de este gas, es en este caso más cara de generar, por lo que el precio de su obtención también es más elevado. En la actualidad el coste del hidrógeno verde es 2.5 veces más elevado que el gris, pero los más optimistas creen que en diez años podría ser competitivo.

Otra contrapartida es que para la producción de hidrógeno en general y el verde en particular se necesita un mayor consumo de energía que para generar otros combustibles. Y, además, requiere mayores controles de seguridad, ya que el hidrógeno es un gas volátil e inflamable y por tanto más susceptible de fugas y explosiones.

Sin embargo, prepararse e invertir es la hoja de ruta para que este combustible sea una realidad en la lucha contra el cambio climático.

De hecho, Europa, para la que el hidrógeno verde se ha convertido en uno de los protagonistas de los fondos de recuperación, trabaja ya en diferentes iniciativas que acorten los tiempos en el acceso a este combustible limpio, como la fabricación e instalación de electrolizadores más competitivos, la construcción de una red de transporte de hidrógeno o la instalación de hidrogeneras para el transporte por carretera.

Las aspiraciones de Europa pasan porque en 2025 el 12 por ciento de la energía consumida proceda del hidrógeno verde, de la que más de la mitad tendría su origen en España, que, según pronósticos, gracias al sol y al viento, se podría convertir a mediados de este siglo en un país exportador de energía.

En Estados Unidos, China, Rusia, Francia o Alemania este combustible ya es una realidad, y Japón aspira a convertirse en una economía de hidrógeno.