ECONOMÍA ¿SOPORTADA?

Lic. Marco campos Mena

Se espera que la inflación continúe por al menos 18 meses más, lo cual puede variar dependiendo del conflicto bélico entre Rusia y Ucrania.

Pese a lo que podríamos pensar, no estamos aun cerca del final de las crisis ocasionadas por el covid-19, pues a pesar de que la cantidad de contagios finalmente disminuyó, los efectos económicos se siguen haciendo presentes.

En primer lugar, los semiconductores siguen ocasionando una falta de piezas vitales para recuperar la producción de vehículos y de tal manera reactivar más la economía, pero eso, no va a pasar.

El desbalance económico dejó a muchas personas con las ganas de comprar un automóvil nuevo, y digo que los dejó con ganas porque sigue siendo cada día más difícil comprar uno y tener los ingresos seguros y sobrados para combatir la adversidad.

Al hablar de inflación, no podemos dejar de lado el tema de la remuneración, pues esta sigue estática y no se ve para cuándo se haga un aumento en los salarios de las personas que ganan más de dos salarios mínimos… ¡El dinero no rinde!

Muchas personas no han visto subir su sueldo en años, pero sí han visto subir el costo de la vida y ciertamente eso se traduce en una severa desmotivación para levantarse a trabajar, lo cual baja el rendimiento general y los resultados que se entregan a la empresa.

Analicemos algunos aumentos:

El aguacate alcanzó ya los $135 por kilo y el pollo rostizado en un supermercado subió de $100 a $130, mientras que la tapa de huevo ya se encuentra sobre los $90. Tan solo en estos tres productos vemos más dinero que el que la mayoría de las personas ganan.

¡Sólo el 2% de los mexicanos gana más de $18,000 mensuales! Una parte de la población se encuentra en el rango de $7,000 a $12,000, un sueldo que sigue siendo insuficiente para un profesionista, pero es lo que se paga.

La mayor parte de los mexicanos ganan entre $5,000 y $6,999. Un sueldo que prácticamente equivale al salario mínimo y al borde de no alcanzar a comprar absolutamente ningún producto o servicio que le ayude a sentirse mejor consigo mismo, digamos una recompensa personal por sus esfuerzos; a esto le llamamos, sobrevivir.

Algo que resulta alarmante para nuestra economía es que el malestar sea generalizado, y para ello, hagamos un ejemplo que puede ver y vivir.

En nuestra región sureste, un desayuno cuesta alrededor de $150 por persona, incluyendo bebida y propina, una cifra cada vez más alta que hace algunos años, pero todavía dentro del rango de lo pagable.

Si vamos a la ciudad de México, donde mucho se encuentra subsidiado y el dinero fluye con más facilidad, no esperaríamos ver que la crisis se encuentre igual que aquí… ¡vaya! El transporte público en Saltillo cuesta $13 y en la CDMX $5 y ya lo sienten caro…

Pregunte a sus conocidos o amigos por el cómo la están pasando y su opinión probablemente sea la misma, están batallando para pagar el costo de la vida, y a diferencia de nosotros, a ellos les cuesta un desayuno entre $35 y $50.

Me quedó grabado eso, están batallando allá, donde todo es más barato, ¿Qué nos espera?

Los indicadores son un tanto engañosos si lo pensamos bien, aparentemente nos encontramos estables e incluso en mejor situación que los Estados Unidos, por su puesto pude que estemos generando más dinamismo por la reactivación, pero ya no hay un interés por el desarrollo de las personas y eso provoca un estancamiento y posteriormente la crisis por los bajos desempeños.

Esperemos que no estemos viviendo una situación similar a la que se vivió en tiempos del expresidente Salinas de Gortari, en los que la economía se sostenía más “por decreto” y tras una época de aparente bonanza, estalló una crisis que cimbró al país, de ser así, el siguiente presidente tendría que tener un alto dominio de la economía para poder sacar adelante al país.

El turismo fue el gran beneficiado por el movimiento de personas que se quedaron en casa cuidándose durante la pandemia y que ahora están dispuestos a pagar lo que sea por salir y recuperar algo del tiempo perdido.

Para poder seguir recuperando la economía, es necesario despertar la motivación y enfocarse en crecimiento, pero, muchas personas no saben si quiera qué es la motivación y la confunden con ánimo, aclaremos eso un poco.

Según (Bedoya, 1993) «Es el impulso que inicia, guía y mantiene el comportamiento, hasta alcanzar la meta y objetivo deseado». 

Si hablamos de necesidades para poder influenciar el comportamiento, necesariamente debemos tomarla de manera individual para cada sujeto, pues estas son distintas entre uno y otro.

La motivación exige necesariamente que haya alguna necesidad de cualquier grado; ésta puede ser absoluta, relativa, de placer o de lujo. Siempre que se esté motivado a algo, se considera que ese «algo» es necesario o conveniente. La motivación es el lazo que une o lleva esa acción a satisfacer esa necesidad o conveniencia, o bien dejar de hacerlo. (Aktouf & Suárez, 2012)

También existe lo contrario y que es el mal del que adolecen muchos mexicanos, la desmotivación:

Para (Yagosesky, 2001) es «un estado interior limitado y complejo, caracterizado por la presencia de pensamientos pesimistas y sensación de desánimo, que se origina como consecuencia de la generalización de experiencias pasadas negativas, propias o ajenas, y la auto percepción de incapacidad para generar los resultados deseados”.

Si al leer estos conceptos siente un grado de identificación, busque la manera de ser más productivo, seguramente encontrará alguna estrategia, pero si se identifica con la desmotivación, busque ayuda profesional para poder superar esa etapa y sigamos adelante con la mira en ser cada vez más productivos y rescilinetes.