OTRA MISIÓN PARA PIMENTEL


Por Horacio Cárdenas Zardoni

Hace cuatro años nos encontramos con la sorpresa de que, al más puro estilo priísta de los años viejos, el sistema había decidido rescatar a Oscar Pimentel González del ostracismo y la tristeza en la que vegetaba, para revivirlo más o menos, que tan poco es para darle alas a los alacranes, instalándolo como director del Instituto Municipal de Planeación.
El IMPLAN de Saltillo, y nos imaginamos que como el de muchos otros municipios, es una dependencia de membrete, destinada a pagar una beca bastante suculenta a quien se favorece con el nombramiento de titular, pero de ninguna manera es una dependencia operativa, de esas que tienen mucho movimiento de gente o de dinero, y por lo tanto de proyección política. No, el IMPLAN está allí solo para que digan que existe un área de planeación, que las cosas en el ayuntamiento y en los confines del municipio se hacen anárquicamente, o como es más probable, a conveniencia de quienes mangonean en la ciudad, no, para eso está el sesudo equipo de planeación, cuyos estudios, suponiendo que los realicen de a de veras, no los leerá nadie, y menos servirán para normar el desarrollo de Saltillo, dirimiendo los conflictos de intereses que suelen presentarse en este tema.
El IMPLAN era el sitio idóneo para colocar a Oscar Pimentel, un exalcalde caído en desgracia política, a quien sus logros económicos no le sabían todo lo delicioso que se imaginó a la hora que los estaba amasando, y quien después de todo, es hombre del sistema hasta las cachas, de esos que se rigen por la máxima de vivir fuera del presupuesto es vivir en el error.
Hace cuatro años en una columnita que titulamos Pimentel: el Hombre del Plan, nos atrevimos a plantear una prueba para Oscar Pimentel González, no en cuanto a persona o profesional o a político, sino como planeador contratado y mantenido a cuerpo de virrey con nuestros impuestos. Él, con su experiencia como presidente municipal que fue, como experto en maniobras burocráticas que habrá puesto en práctica en la Secretaría de Gobernación o el CONAGUA, y en general a lo largo de toda su vida como empleado de gobierno, que no es lo mismo que de servidor público, se le encargaba resolver un problema, un solo problema, con lo que quedaría demostrada su valía: Oscar Pimentel debería tomar la decisión de qué hacer con el semáforo que instaló la administración de Isidro López Villarreal, en boulevard Venustiano Carranza, donde topa el boulevard Galerías, que se ha convertido en un auténtico monumento a la incapacidad de los presidentes municipales de Saltillo. Con que resolviera eso, Pimentel habría valido como director del IMPLAN, si no… pues no, y ya ni hablemos de cosas gordas como qué hacer con la ciclovía, lo de las vialidades que se convierten en paseos comerciales, lo de que se autorizan negocios sin espacios de estacionamiento, con lo otro que hubiera hecho, con eso.
Siete años lleva gastando la luz el semáforo de referencia, siempre en intermitentes, no vaya a ser que alguien se crea que de veras sirve y vaya a ocurrir un accidente. Mejor debían desconectarlo, al menos nos ahorraríamos ese gasto. Cuatro años que nombraron a Oscar Pimentel, que de acuerdo, no era el encargado de balisamiento y señales, pero entre la programación de semáforo, que no se lleva ni diez minutos, ni volver a colocar las bollas que pusieron y quitaron, que no tarda ni medio turno, quedaría resuelto el asunto, si le hubieran encontrado la manera “científica”, técnica, planeada… pero no, demasiado pedir.
Acá entre nos, nos imaginamos cómo han estado las reuniones, negociaciones, pláticas, correveydile entre las autoridades municipales y la empresa promotora del proyecto inmobiliario Parque Centro, hasta ahorita el más ambicioso y caro que jamás haya conocido Saltillo. Queremos pensar que desde el momento en el que la sociedad encabezada por Víctor Mohamar comenzó a ver las posibilidades de lo que podría construirse, o lo que verdaderamente les interesa, en lo que pudiera venderse y a quienes, se contempló el mínimo detalle de… las vialidades.
En apariencia, pero solo en apariencia, el espacio del que le hablamos está bien comunicado, de un lado tiene salida para Venustiano Carranza, hoy por hoy y todavía por algún tiempo, la avenida más importante de la ciudad, al convertirse en la carretera que comunica Saltillo con Monterrey, de capital estatal a capital estatal, del otro lado está boulevard Nazario Ortiz Garza, que en su momento fue uno de los ejes de los famosos “puentes” del proyecto vial de Humberto Moreira cuando fue gobernador. Por problemas de vialidad no hay problema… excepto que, ambas están más que saturadas durante horas pico, y durante todo el día es difícil, pero además, adolecen de un gravísimo defecto para lo que es los usuarios, propietarios y eventuales habitantes de Parque Centro, no hay acceso directo ni para llegar ni para salir, si usted quiere salir a Carranza rumbo al sur, tendrá que atenerse a la caridad cristiana de los conductores saltillenses, bastante magra, para permitirle ir a dar la vuelta al semáforo de Canadá, nada fácil de lograr, si la salida es por Nazario, peor todavía, imposible subirse al puente sobre López Mateos que se convierte en Rufino Tamayo, así que para el sur o para el norte, tiene que esperar dos, tres o más semáforos debajo de ese paso a desnivel.
Un proyecto de miles de millones de pesos, que a penas está en su primera etapa de edificios de departamentos, depende de que sus prospectos de habitantes tengan una salida rápida, cómoda y segura, misma que no la hay, y de la que el mentado semáforo de Galerías es la pírrica solución del municipio, que no se ha atrevido a echarlo a volar.
Una de las tantas habladas que se echó Humberto Moreira, cuando era gobernador, fue que iba a hacerse un paso elevado para conectar boulevard Galerías con Nazario, también se llegó a mencionar un hipotético segundo piso o un subterráneo por Venustiano Carranza, pero eso no se lo creyó nadie. Todo quedó en el semaforito más inútil de todo Coahuila y todo México.
Sería mucho pedir que cuando Pimentel González fue alcalde, y que hubiera en ese instante un plan de desarrollo urbano serio, que contemplara entre otras cosas, un eventual crecimiento habitacional o comercial de un área que en aquel momento y por décadas todavía se mantuvo en greña, pero que por sus dimensiones y por su ubicación, merecía la atención de la autoridad, no se la dio él ni sus sucesores, y ahora tienen un problemón que ningún Instituto Municipal de Planeación está en condiciones de plasmar en papel, y luego en un proyecto de financiamiento para resolverlo.
Pues bueno, Oscar Pimentel González ya ligó chamba en gobierno del estado, una orgánicamente más importante que la que tenía en el IMPLAN, quizá, pero de ninguna manera más sencilla, al contrario, requiere de una habilidad para armar expedientes de corrupción, de la que no sabemos que el una vez alcalde posea hoy o haya poseído alguna vez. Pero… si los logros esperados, se parecen a los logros obtenidos, la misión encomendada a cargo de la Unidad de Inteligencia Financiera, podemos darla por fracasada.