Un obispo dice adiós y otro empieza su camino

Por Miguel Villarello

MÁS INFORMACIÓN.-

La misma semana en la que Hilario González cumplió un año al frente de la Diócesis de Saltillo, monseñor Francisco Villalobos Padilla, Obispo emérito falleció. En el inicio de su camino el Obispo Hilario hace un recuenta y esboza lo que será su gestión como pastor de las almas de la grey católica

“Les decía que yo quería dar gracias a Dios porque me siento muy bendecido, a lo mejor ustedes no, pero yo sí”, dice sonriente Monseñor Hilario González García, en vista de que se cumple un año, se completa la primera vuelta al sol como se le denomina coloquialmente, de haber llegado como obispo a la Diócesis de Saltillo.

Por lo que hace un recuento de cómo le ha ido, las experiencias que ha obtenido, las metas cumplidas en este período y que marcan el trazo de los nuevos proyectos para lo que viene, sus metas.

“Nadie está exento de los pecados sociales, la vida social es compleja y teniendo más recursos nos cuesta vivir en armonía.

Los líderes no podemos ser abusivos ni corruptos ni abusar para hacer daño a los demás.

Gratificante el primer año en la Diócesis de Saltillo en el aspecto humano y cristiano, la manera como he sido recibido.

En cuanto a las metas lo único que preocupa a mi corazón es responderle a Dios en lo que me está pidiendo para Saltillo como Obispo”, comentó.

Así resume brevemente quien es el séptimo obispo de la ciudad, antes de elaborar el recuento de un año de pastoral, de apostolado, en que lógicamente ha visitado las tres regiones que conforman la diócesis: Saltillo, Monclova y la región Desierto.

En la entrevista, en la que se le ve y siente muy cómodo, investido de gran paz interior, señala: “Gratificante, muy gratificante la experiencia de un primer año en la Diócesis de Saltillo en todos los aspectos, desde el aspecto humano y desde el punto de vista cristiano, la manera como he sido recibido, desde la calidez de la gente”.

SIN QUEJA

“Muy bien, no me puedo quejar, ha sido una experiencia muy gratificante en todos los aspectos, en el aspecto humano, de la manera cómo he sido recibido, la calidez de la gente, desde el punto de vista cristiano también ha sido muy gratificante.

Porque veo la piedad de la gente, veo compromiso, veo el deseo de vivir mejor su fe cristiana y también muy gratificante como sacerdote y obispo porque me siento muy querido, tratado con mucho cariño, valoro mucho la disposición, el compromiso de todos los agentes de pastoral, sacerdotes, religiosas, laicos, movimientos y parroquias”, mencionó.

Entonces sostiene: “estoy muy agradecido por esta primera experiencia en este primer año de sentirme parte de la familia diocesana de Saltillo, sentirme parte también de esta comunidad de Saltillo, Monclova, Desierto.

Estoy muy pleno en ese sentido, por eso yo les decía que yo quería dar gracias a Dios porque me siento muy bendecido, a lo mejor ustedes no, pero yo sí”, agrega sonriente.

RETOS

Habla de los retos y explica que: “la verdad hay muchos desafíos que nos presenta este año la cultura, la sociedad, la vivencia de la fe y la pandemia misma y yo les propuse en la homilía del sábado anterior que ante tres desafíos pues tres retos”.

Y los explica:

“El primer desafío es el de evangelizar y catequizar la fe cristiana católica en nuestra diócesis, en nuestra sociedad con mayor profundidad o solidez, ajustándonos a esta situación de Pandemia y aprovechándonos de los medios de comunicación social.

Entonces el reto es cómo seguir evangelizando, cómo seguir catequizando y cómo seguir formándonos los que ya nos sentimos comprometidos con la iglesia en este ambiente adverso y con los recursos que tenemos”, afirma.

“Por ello le apuesto al reto de madurar en nuestra fe cristiana católica, vencer un poco, talvez esta resistencia o esta incredulidad, esta indiferencia, talvez fruto de la sociedad que estamos viviendo, de la secularidad, de la indiferencia, entonces tener un ímpetu evangelizador y un deseo de catequizar y dejarnos catequizar, o sea, seguir formándonos con mayor profundidad”, expuso.

Hay otro desafío, continúa el séptimo Obispo en la diócesis de la región, que yo alcanzo a ver que es la celebración de la fe.

“Tradicionalmente la Iglesia católica tiene muchos sacramentos o tiene celebraciones que piden preparación, presencia o que piden compromiso, corremos el riesgo de vivirlos solamente como eventos, hay este desafío”, advierte sin perder la comodidad de la silla en que se encuentra dentro de una pequeña sala, al parecer, para realizar reuniones de la fe.

“Pensar que vivir la fe cristiana católica es cumplir con ciertas celebraciones o sacramentos o de actos de piedad y que con eso ya la hacemos.

Entonces el reto es tener celebraciones de la fe más participativas, recuperar la presencia, es cierto que seguimos en Pandemia que nos han llevado a restricciones de aforo, de distancia, pero cómo vencer la tentación de instalarnos delante de la televisión, de la computadora, de la Tablet o delante del teléfono para volver a encontrarnos y volver a celebrar nuestra fe no como un evento aislado, sino como un proceso de maduración en nuestra identidad de hijos de Dios y de mayor experiencia de Dios.

Creo que, aunque se hable de esta indiferencia, de este rechazo, esta situación de incredulidad o de distancia con la institución religiosa sigue habiendo sed de Dios.

Sigue habiendo necesidad de plenitud de encontrar algo o a alguien que llene nuestra vida y creo que en nuestra religión cristiana católica las celebraciones de la fe todo lo que significa la liturgia es un encuentro vivo con Jesús que nos llena que nos desarrolla que nos plenifica, nos llena de plenitud”, afirmó.

Y continúa: “Que nos ilumina para descubrir el sentido de nuestra vida, entonces ahí es el reto, recordarle a la gente que no solamente celebramos eventos, sino que maduramos celebrando nuestra fe en nuestra identidad de hijos de Dios”.

Y el tercer desafío va más en la línea del compromiso de la vida.

¿Cuál es el desafío?, pregunta y responde por su cuenta el jerarca católico de la región: “pues vivir de una manera que no va de acuerdo con la fe o con lo que decimos.

El divorcio entre fe y vida, lo que Jesús denunciaba en el evangelio como fariseísmo o la vivencia superficial de nuestra vida cristiana, hay gente que se puede contentar con decir ‘bueno, ya cumplí con los sacramentos ya fui a catecismo ya no tengo nada más qué hacer’; ¡tienes mucho qué hacer!.

Se llama apostolado, se llama misión, se llama presencia en la familia, en la educación, en la política, en el mundo laboral, obrero o las situaciones a veces difíciles de salud, migrantes, etcétera.

Es decir, toda la pastoral que hace la Iglesia necesita personas comprometidas, apóstoles, misioneros que quieran en su generosidad y de acuerdo con su experiencia de dios, ayudar a recuperar la paz, la justicia, la verdad y el amor”, mencionó.

Veo esos tres retos, reconfirma el Obispo Hilario, el reto de la evangelización a catequesis, el reto de los procesos, un proceso maduro en la celebración de la fe y el reto de comprometernos más activamente en las pastorales o las cuestiones de la vida diaria que requieren la presencia del evangelio.

BAJA DE FIELES

Se aborda el tema de la pandemia, cuya nueva normalidad afectó a las personas, las individualizó más, afectó a familias, a la Iglesia, el Obispo responde que trastocó a todo mundo.

Y expresa: “me llama la atención que todos traen la pregunta de si la Iglesia perdió fieles con ello, creo que hay una tendencia global o nacional de tomar distancia con respecto a las instituciones religiosas, de una vivencia de mi experiencia de dios o de la trascendencia o de la espiritualidad sin necesidad de…, pertenecer o sentirme afiliado a…, una iglesia o una comunidad religiosa en específico.

Entonces creo que por esa línea posiblemente sí hay una disminución de personas que se puedan declarar soy católico, soy protestante, o soy bautista, o soy judío o soy musulmán, pero no es algo que solamente le suceda a la iglesia católica.

Nos llama la atención en México porque la mayoría es de la iglesia católica, decían 95, luego 90, después 80 y 75 y comentan ‘¡ah! La iglesia católica está perdiendo’, no, todo mundo está perdiendo. 

Todo mundo está encontrando esta tendencia, llámese como se llame, entonces qué vemos ahorita con la pandemia, talvez sí por las restricciones sanitarias me dices que ha disminuido sí hasta el 50 por ciento”, comentó.

Y cita un ejemplo: “si antes teníamos 10 misas hoy nadamas tenemos cinco, y si a esas 10 misas acudían 10 mil personas hoy nadamas acuden 3 mil, entonces sí se percibe que hay una disminución”.

Cita algo interesante: “Lo que no hemos podido calcular y valorar es la presencia de los medios, antes solamente las personas mayores, discapacitadas o enfermas veían la misa porque se presentaba en algunos canales de paga o porque ocasionalmente salía una misa en las redes o el Papa, su misa la veía gente que se levantaba a las cinco de la mañana a oírla a través de YouTube”.

Al comentario de que es el primer Papa al que se le conoce como “tuitero” por sus mensajes a través de Twitter, responde que: “sí, porque empezó a comunicarse de esta manera”.

“Pero ahora hay una sobreoferta, te diría que si alguien dice que no pudo escuchar misa es que no tiene perdón de Dios, o sea, desde las 12 de la noche hasta las 12 de la noche del día siguiente hay misas en todas partes”, afirma sonriente.

MISA A TODAS HORAS

Si te vas con los usos horarios en alguna parte se está transmitiendo una misa, en otro idioma posiblemente, pero decir que no pude escuchar misa es porque no te diste oportunidad.

Entonces creo que posiblemente el impacto que estamos teniendo a través de las redes las personas se pueda compensar, si antes 10 personas veían la misa ahora son 100, si antes alguien tomaba en cuenta que no podía asistir presencialmente porque estaba enfermo o por algo ahora sí lo puede hacer, a través de las redes, pero eso nos faltaría valorarlo.

E insiste para cerrar el tema: “por una parte la pérdida de pertenencia es un hecho estadístico, es tendencia global, pero también esta manera en que la Iglesia se está haciendo presente ha llegado de otras maneras que antes no teníamos presentes.

Por eso también el reto que te mencionaba antes, una madurez en la fe, un mayor compromiso porque no solamente es escuchar misa o verla en los medios o incluso presencialmente, es transformar la propia vida en un servicio en un apostolado”.

ANTERIOR OBISPADO

Después de decir que ve en la diócesis de Saltillo mucha piedad y que le toca convivir principalmente con la gente afín a la iglesia, los grupos parroquiales, los párrocos, las religiosas, la gente que trabaja en apostolados de la iglesia, tanto aquí en la zona sureste lo que es Saltillo y sus cinco vicarías, la zona Centro que es la vicaría de Nuestra Señora de Guadalupe y tanto como el Desierto que es la vicaría de la Sagrada Familia.

“La gente está inquieta, desea participar, desea encontrar sus caminos nuevos, actuales para evangeliza, catequizar o vivir de su fe”, afirma el padre Hilario González García.

“En Saltillo he sentido la hospitalidad, la recepción, el cariño, la calidez en las tres regiones, no he sentido un rechazo, hay comentarios como ‘qué bueno que vino, lo pudimos conocer.

En alguna parte -recuerda anecdótico-, en una capilla a la que fui hace poquito decían ‘ah hacía mucho que no venía un obispo a visitarnos’, lógico, cuántas capillas hay en la diócesis de Saltillo creo que unas mil, entonces para visitarlas todas no me doy tiempo, el que un obispo vaya a una capilla a visitarlos pasa buen tiempo.

Entonces, al contrario, ‘qué bueno que vino’, este virus que hay de tomarse fotos, se toman fotos con el obispo y piensas ‘está bien”, declaró.

En cuanto a los obispos que han pisado suelo saltillense antes que él, Monseñor Hilario concluye que cada uno tiene su estilo.

Cuenta que el estilo de Francisco Villalobos (Que en Paz Descanse pues su deceso se registró apenas el pasado 3 de febrero) para su tiempo y para su formación: “creo que respondió a lo que se necesitaba, llega Monseñor Vera en 2000 o 2001 y creo que también responde a una situación que se estaba dando y yo espero responder también a la situación actual”.

“En cuanto a mi relación con ellos dos, por una parte, veo un privilegio tener dos obispos eméritos locales que permanezcan aquí, es una oportunidad de aprender de ellos hay un legado de ambos, cosas que ellos sembraron.

Que sembró Don Francisco y que él mismo cosechó, cosas que Don Raúl Vera ha sembrado, se me hace que me va a tocar cosechar o estoy cosechando y a mi me va a tocar también sembrar otras cosas y creo que es de aprendizaje, aprender de ellos de cómo respondieron porque también tengo que responder, entonces me siento así, como discípulo.

Con Monseñor Villalobos talvez lo voy conociendo por las referencias, su historia, sus anécdotas, sus homilías voy teniendo esa relación, probablemente no tan cercana, ocasional, pero fue muy cercana este año porque fueron sus aniversarios, entonces me está permitiendo conocerlo, lo veo como un testigo fiel y se lo propongo a los seminaristas de que, si ellos quieren ver a alguien que está dispuesto a dar la vida siempre, pues Monseñor Villalobos.

Quién quiere dar la vida por un tiempo dice mejor no, ahí nos vemos o habrá quien da la vida y viene una enfermedad y luego la muerte, piensas que murió joven, maduro, pero dar la vida hasta los 101 años para el tiempo que vivimos hoy tan volátil, de compromisos provisionales, de inseguridad, ¡véanlo!, nadamas de verlo y saber que sigue dándose, ese es el ejemplo de muchos de nuestros abuelos.

Con Raúl Vera sí tengo una relación más periódica, una vez al mes, nos juntamos le pregunto porque es mi inmediato antecesor y está más fresco.

Y por cuestión de decisiones, de procesos que surgieron o una situación que él recuerda cómo es, qué me recomienda; desde ese punto de vista es mi relación con él.

De aprendizaje, de discipulado, de tratar de aprender de ambos porque yo tengo que responder a estos tiempos conforme a mi manera de ser, las cualidades o los dones que dios me ha dado”, sostuvo.

PECADOS SOCIALES

A un año de haber iniciado en el obispado, a la distancia se le cuestiona si ha encontrado pecados sociales en la grey católica saltillense.

Y responde que nadie está exento: “ni las ciudades más florecientes ni la más pobre ni el lugar más católico ni el menos católico está exento de un pecado social.

¿Por qué? Inquiere el mismo Monseñor González García y responde: “porque ciertamente la vida social contemporánea es mucho más compleja, porque teniendo más recursos materiales, educativos, laborales, de capacitación y todo eso, nos está costando vivir juntos, vivir en armonía, en paz, vivir en justicia, en la verdad”.

“Es curioso que cuando más medios de comunicación tenemos, menos comunicados estamos, llámese familia, en la escuela, en la iglesia, en el trabajo”, advierte.

Y enfatiza: “Ahora que tenemos más recursos nos sentimos más desposeídos, como que nos falta mucho y dices tú, a ver, no valoramos lo que tenemos, no vivimos conforme a lo que somos, talvez andamos añorando otras cosas y eso nos impide vivir con mayor sencillez”.

“Entonces para mí el pecado social va a estar presente mientras los individuos a nivel personal pues también anden en situaciones que no están bien y se dejen llevar básicamente los siete pecados capitales”, dijo.

Y reconfirma: “¡básicamente!, y si te confrontas con los 10 mandamientos dices, aunque son pecados que vives personalmente impactas socialmente en ello, hasta el pecado más oculto trae una consecuencia social porque tu comportamiento o tu manera de ser, de valorar a los otros o de valorarte a ti mismo se va a ver herida, entonces eso desdice y fragmenta el famoso tejido social.

Dicen que una cadena se rompe en el eslabón más débil y si estamos en una sociedad en la que cada eslabón es individualista, que dice ‘a mí me vale’, ‘no yo no’, pues tarde que temprano esa cadena va a tronar, no va a aguantar.

Entonces veo que los valores del reino la verdad, la paz, la justicia, el amor, la misericordia siguen estando ausentes en plenitud, a veces nos gana más la injusticia, nos gana más la mentira, a veces nos gana más la guerra, nos gana más la corrupción, o nos gana más el desorden que los valores del reino como les llamamos los católicos.

Entonces si me preguntas tú concretamente de Saltillo ¿qué pecados sociales hay?, creo que van en la línea de aquello a lo que le estamos dedicando más tiempo.

Le dejamos más tiempo a ganar dinero, abusados con la avaricia y con la corrupción; talvez le dedicamos más tiempo a yo afirmarme, aunque me lleve de encuentro a los demás, pues abusado con la soberbia, con el egoísmo y ser más generoso, más humilde; entonces eso se refleja a veces en la familia, a veces en el trabajo, a veces en la escuela, porque empezamos a competir y a maltratarnos.

Más bien le diría a cada creyente ¿qué estás buscando?, y darte cuenta de si eso va conforme al evangelio, entonces no te escudes en que no porque es una cuestión personal, tu eres responsable de lo personal, pero también impacta en lo social.

Los peligros ya más concretos son en una sociedad floreciente como la de Saltillo que está presumiendo de mejor nivel económico, mejores sueldos, crecimiento y todo esto, ustedes lo ven porque ya están aquí, yo apenas lo veo porque voy llegando, pero la cuestión de la violencia, la periferia con situaciones difíciles, la polarización a veces de las clases sociales, entonces vámonos poniendo las pilas”, expuso.

LLAMAR A TODOS

“Este sería un llamado de la iglesia a creyentes y no creyentes, porque alguien pudiera decir ‘yo no soy creyente, no peco’, ¡bueno no te vas a confesar!, pero sí date cuenta de que tienes una responsabilidad social y el pecado contrario a la responsabilidad es la irresponsabilidad social”, sostiene.

“Entonces si alguien es irresponsable, es no solidario, si es abusivo, aunque no le llame pecado porque no cree, pues está dañando”, afirmó.

Y el Obispo continúa con el llamado: “En todas mis homilías hablo de los líderes, los que somos líderes en la iglesia, la escuela, la universidad, la empresa, la política, comunicación social, todos debemos estar conscientes de que no podemos ser abusivos ni ser corruptos ni abusar del puesto que tenemos o poder que tenemos para hacer daño a los demás o buscar nuestros intereses.

Por eso les decía yo, talvez soy más ingenuo o soy más…, no sé cómo llamarle, pues yo pretendo hablar al corazón de las personas, estés donde estés y seas quien seas.

Porque estoy tratando de hacer lo que Jesús cuando habló a Nicodemo o Saqueo que fue el converso mayor, entre político o lo que tú quieras, a Juan no le dijo nada nadamas la presencia de Jesús, al único que no le dijo nada fue a Herodes porque sabía que no le iba a sacar nada, se quedó callado.

Entonces, yo quisiera hablar a la consciencia de las personas, estén donde estén”, enfatiza abriendo sus brazos al aire.

“A los sacerdotes sí les hablo así porque es el día de la misa, con renovación de promesas y tengo que hablarles así porque somos hermanos.

Se lo comparto a todos los sacerdotes, a los actores y líderes de la sociedad: no debemos ser abusivos, voy más por esa línea”, confesó.

EN LO PERSONAL

Pasa en seguida Monseñor Hilario González García al plano personal, su bagaje académico y profesión como él les dice.

“Gracias a Dios mi familia y mi Iglesia me dieron muy buena formación integral, humana, cristiana, académica, pastoral y de servicio, gracias a Dios, al trabajo de mis padres y mi familia pude tener acceso a una carrera profesional antes de entrar al seminario, soy Ingeniero en Computación Administrativa de Producción por la Universidad de Monterrey.

Entro al seminario y me voy formando para sacerdote, el seminario mismo y la diócesis me permiten estudiar una licencia en Filosofía en la Universidad Pontificia de México y regreso como sacerdote en Monterrey y ejerzo mi sacerdocio en el Seminario de Monterrey como maestro.

Ya no tengo más estudios formales, pero el dar clases, estar encargado de algunos ambientes de la iglesia me han hecho autodidacta, es decir, estudiar o profundizar en otras cosas”, añade.

Por lo que reconoce no tener: “mucho bagaje académico, pero obviamente los estudios de teología propios para un sacerdote, sin maestrías ni doctorados, trato de formarme en lo que puedo, seguir estando actualizado.

En cuanto a las metas lo único que preocupa a mi corazón es responderle a Dios en lo que me está pidiendo para Saltillo como Obispo, es algo que le pido, no perder la alegría, tengo un lema episcopal, todos los obispos tenemos un lema episcopal en nuestro escudo y es ‘Sirvamos al Señor con alegría’.

Esa es mi historia -se sincera la persona, Hilario González García-, lo que me ha motivado toda la vida, servir a Dios y servir a mis hermanos con la mayor alegría y la mayor generosidad posible y hacerlo bien.

Ese es mi presente, creo que estoy aquí para servir al Señor junto con ustedes, por eso el lema en plural”, y lo repite para reafirmarlo: ‘Sirvamos al Señor con alegría’”.

Pastor y ovejas o toda la iglesia, todos los hijos de Dios es “Sirvamos al Señor con alegría” y es mi futuro, yo quiero al final de mis días que el Señor me diga ‘siervo bueno y fiel entra a tomar parte de la alegría de tu Señor.

Que servir con alegría al Señor me lleve como premio o como consecuencia entrar en alegría de mi Señor, estar alegre con Él y es lo que le pido, no perder la motivación de servir, no perder la alegría, el entusiasmo”, confesó.

Aunque reconoce, luego de un brevísimo silencio meditado: “a veces sí dan ganas de aventar todo por un tubo, se cansa uno y si está la pandemia peor, pero el que tiene fe, el que tiene esperanza y el que tiene caridad, que todos la tenemos por el bautismo, pero hay que cultivarlas, pues le sigue echando ganas.

Eso es lo que le pido a Dios, no perder las ganas, encontrar los caminos adecuados, responder con mayor fidelidad posible a las necesidades de la diócesis de Saltillo”.

Monseñor inicia su despedida de la entrevista con un: “saludo a toda la comunidad católicos y no católicos, me siento al servicio a todos, es algo que he aprendido en mi vida, soy sacerdote no solamente para los católicos, soy sacerdote para todo mundo, porque a todo mundo le tengo que presentar a Jesús y tengo que presentar desde Jesús el evangelio, la verdad en Cristo, echarle ganas, tener esperanza.

Por eso este año lo veo con mucha esperanza, de activar la esperanza para secundar el querer de Dios para responderle a Dios en esta situación que no es para nuestra condena, no es para nuestro sufrimiento fatídico, sino que es para nuestro sufrimiento edificante.

Todos tenemos que echarle ganas a algo, ¿para qué?, para crecer, madurar, servir mejor, entonces que tengamos mucha esperanza”, concluye satisfecho recargándose en su asiento en la Diócesis de Saltillo.