EL AÑO DE…

MARCO CAMPOS MENA

Admitámoslo, año tras año los analistas decimos que será un año difícil, peor que el anterior y sin temor a equivocarme, algo de razón hay en ello, aunque no siempre logramos predecir las razones exactas ni la magnitud real de los colapsos a enfrentar.

Cada que comenzamos un año, nuestras esperanzas son fuertes y nuestras expectativas altas, venimos de la euforia de las fiestas decembrinas y con los propósitos bien firmes, ¿qué es lo que determina que todo falle?

Hay aspectos que podemos controlar en nuestras vidas y otros que no, por lo que es necesario saber identificarlos y trabajar uno a la vez y adaptarnos a lo que no podemos cambiar; un buen año comienza con un buen hábito.

Los analistas solemos especular con el cómo pueden ser las cosas comparando el inicio del año anterior y su desarrollo hasta los últimos días, con lo cual podemos marcar una tendencia, mas no somos adivinos, nos equivocamos y muchas veces nos quedamos cortos, y para ejemplo, la afectación real de la pandemia en 2020.

Tomando la premisa anterior para mostrar con eficacia mi punto, el alcance de la pandemia era inestimable, como muchas otras variables en nuestro diario acontecer, incontrolable y vagamente predecible, pues nadie esperaba que el confinamiento se alargara ni la escasez de semiconductores.

Si tomamos este punto de partida, podemos analizar un poco la tendencia de este año y asimilar que tal vez tengamos una quinta ola y siga habiendo una alta mortalidad por la elevada tasa de contagio, mas depende de nosotros y solamente de nosotros el cuidarnos para poder comenzar a dar fin.

Debo decirle, dentro de los factores internos, aquellos que podemos controlar, está la capacidad de anteponerse a la adversidad, mas en muchas ocasiones, nosotros mismos somos el freno. Es tiempo de enfocarnos en crecer.

Si comenzamos cada día pensando en cuántas cosas han de salir mal, probablemente “malgan sal” por la falta de atención en nuestros puntos importantes, así llegamos al punto coyuntural de esta semana.

Centrando nuestra atención en una sola cosa, es mucho más probable que tengamos éxito que si nos dividimos en más tareas, por ello, aprendemos a delegar para que tome las riendas aquella persona capaz de nuestra confianza. Creer que podemos controlar todo resulta en un hábito terrible, pues nos engañamos a nosotros mismos por nuestro ego y luego tratamos de justificarnos.

La falta de planeación se vuelve evidente, pues vamos sobre la marcha tratando de corregir aquello que salió mal, con esto no quiero decir que sea un camino equivocado, una intención enfocada nos orienta en el sentido correcto, planeemos cómo llegar a nuestro destino con mayor rapidez y con el menor desgaste de recursos y energía (eficiencia y eficacia).

Este año comenzó con gran incertidumbre, pues pocos sabían realmente lo que querían ante los fracasos del 2021, ¿acaso no aprendimos algo? La lección es evidente: “en tiempos duros, trabajemos en una sola cosa con toda nuestra atención, intención y energía para que podamos hacerla lo mejor posible”.

John Maxwell, el gurú del liderazgo, en un discurso que dio en Costa Rica para dar pauta a la capacitación que darían él y su equipo dijo varios puntos que bien valen la pena conocer y tener presentes:

“La mayor parte de las personas son promedio, el 15% alcanza las expectativas y el 5% son extraordinarios” hagámonos la pregunta clave, ¿dónde quiero estar? Después, y seguramente infiero su respuesta, ¿qué estoy haciendo para lograrlo?

Recuerde que no es necesario trabajar horas diariamente para hacer un cambio, por el contrario, solo se requieren pequeños cambios en nuestro día para convertirlos en hábitos que crecerán con el tiempo, por ejemplo, leer durante 10 minutos al día, es muy poco y en un año habrá leído entre 10 y 15 libros, una ventaja competitiva enorme para aspirar a un mejor sueldo y mejorar en nuestra vida personal.

Otro punto muy importante es el de conocernos a nosotros mismos, para lo cual Maxwell plantea 3 preguntas que en algún momento le dijeron que se hiciera el mismo: ¿Qué me hace llorar? ¿qué me hace cantar? Y ¿qué me hace soñar? Este es el primero paso para conocerse y después enfocarse en lo que nos sirve en realidad, lo cual da pauta a lo siguiente, los dos caminos al éxito.

“hay dos caminos para ser exitoso, uno es como un 80% seguro y el otro 100% seguro” el primero, es la pasión, aquello que nos motiva y llena de energía, pero si no somos buenos en ello, hagámoslo nuestro pasatiempo. El otro, es aquello en lo que somos muy buenos, en lo que tenemos habilidad y que nos apasiona, eso nos dará energía y tendremos el talento para ser los mejores en ello.

Yo le diré que el secreto para el éxito se encuentra en tres palabras, “práctica, disciplina y estudio” pues con ello, tendrá un crecimiento constante que le llevará tan lejos como quiera llegar.

Este año sin duda será complicado, nos encontramos efectivamente en recesión y el panorama de crecimiento planteado por el ejecutivo federal suena por demás utópico, carente de fundamentos y erróneo en la coyuntura económica actual, pero podemos trabajar en nosotros mismos, en aquello que nos hace ser mejores y explotar nuestro talento, podemos mejorar nuestra situación para enfrentar esta recesión y si motivamos a cada uno a nuestro alrededor, podrán hacer lo mismo. Así es como se sale de manera efectiva de una crisis.

Salgamos a trabajar conscientes de que son tiempos duros y que requieren un gran esfuerzo, mantengamos nuestra motivación y seamos nosotros mismos quienes transformemos al país y hagamos el verdadero cambio, pues nadie más lo hará por nosotros.