Por Horacio Cárdenas Zardoni
Las encuestas periódicas del INEGI dan cuenta de ello: una buena parte de los ciudadanos de este país vive con miedo. Le llaman elegantemente percepción de inseguridad, que en nuestra opinión debería llamarse al revés, percepción de seguridad, aunque a lo mejor por ser más los números negativos que los positivos, por eso es por lo que lo definen de esa manera, vaya usted a saber, pero detrás del elegante nombre está la realidad de la que le comentamos, la gente en este país, vive atemorizada, apanicada como diría el eminente lexicógrafo y académico de la lengua Vicente Fox Quesada.
Desde hace años, desde que era presidente de la república Felipe Calderón Hinojosa, el culpable favorito de todo lo que de malo pasa en este país, se comenzó a barajar aquello de que México era un estado fallido, en el sentido de que había zonas, amplias o no tanto, en las que el gobierno era prácticamente inexistente, las autoridades estaban inhabilitadas o desinteresadas en mantener un principio de control que pareciera que existían los poderes establecidos. La fuente de esto es a lo mejor tendenciosa, no lo dudamos, aunque tampoco podemos decir que no tuvieran conocimiento de causa, fue el Comando Norte del Ejército de los Estados Unidos, o del Departamento de Defensa o del Comando Conjunto, la verdad no somos expertos en la nomenclatura de la esa rama del gobierno estadounidense, pero sí sabemos que existe un Comando Sur y un Comando Norte, y que estas áreas se encargan de conocer y neutralizar cualquier amenaza de seguridad al suelo norteamericano.
Luego fue el propio Comando Norte el que manejó que era alrededor del 35% del territorio mexicano el que vivía en situación de ingobernabilidad, concretamente, que vivía sojuzgado por el narcotráfico y el crimen organizado, con escasa o nula presencia del gobierno, que en todo caso, carecía de capacidad de respuesta para recuperar el control de esas grandes extensiones territoriales.
Desde entonces, cada vez que se hace pública la última versión de la encuesta de percepción de inseguridad por parte del INEGI, se da un fenómeno curioso, las ciudades que aparecen como las más seguras, se promocionan a nivel nacional e internacional, después de todo vivimos en un país en el que hasta los estornudos son políticos, y siendo así, la denominación de ciudad segura se supone que habla de buenas estrategias de gobierno contra la delincuencia en todas sus modalidades. Del otro lado, aquellas que salen hasta abajo en el indicador, mencionadas como menos seguras o francamente peligrosas, se ponen de inmediato a cuestionar la medición, llamándola injusta, imprecisa y otros calificativos por el estilo. Ya luego al gobierno de los Estados Unidos se le ocurre actualizar sus recomendaciones de sitios en distintos países a donde no es recomendable que viajen sus ciudadanos, incluyendo México, para que los alcaldes y los gobernadores acudan a los cónsules y al mismo embajador para reconvenir a su gobierno por una calificación que los perjudica. Ni modo así es el juego, difícil de entender y de jugar para ganar.
En días pasados se publicó en la prensa saltillense una nota que desde nuestro punto de vista, más que abonar a la seguridad, de la que por lo demás Saltillo suele presumir en los últimos años como una de las ciudades más seguras del país, y la capital menos peligrosa de entre todas las de los estados, es una pifia. Una pifia porque revela datos de la estrategia de seguridad de la administración municipal, que siendo secretos o ignorados, mantenían a la delincuencia en un estado de incertidumbre, pero que al hacerse públicos oficialmente, ofrecen una ventaja innecesaria.
Fue el mismo comisionado de seguridad pública y protección ciudadana de Saltillo, Federico Fernández Montañez quien, coloquialmente, soltó la sopa. En una entrevista para El Diario de Coahuila comentó que tienen identificados diez puntos conflictivos, a los que se les dedica toda la atención. Más adelante habla el funcionario de que en Saltillo hay novecientas colonias, con lo que diez puntos críticos se nos hace un cálculo entre simplista y optimista, pero bueno, ellos tendrán sus análisis.
Sobre esos diez puntos conflictivos detalla una estrategia consistente en destinar, durante un período que revela que es de 48 horas continuas, personal de los 27 agrupamientos en los que está dividida la policía municipal de Saltillo. Aquí es donde nosotros, mal pensados, vemos mal, ¿qué necesidad había de decir, primero cuántos agrupamientos hay, y segundo, casi a qué hora y qué día se van a ir los que están allí ahorita?
Sí, habíamos comentado en este espacio que la policía municipal estaba organizada de manera un tanto reburujada, habiendo policía policía, policía de tránsito, policía ambiental, agrupamiento violeta, policía de proximidad, GROMs, policía escolar, ahora nos aclara que son 27 en total… se nos hace un mundo complicadísimo para organizar y hacer funcionar de manera equilibrada, siendo la impresión de que por un lado hay gente a la que hacen trabajar de más, hay otros que nomás están esperando que pase algo para movilizarse, y por lo mismo, es poco lo que hacen.
Pero lo otro es lo importante, lo de las 48 horas. Todavía nos acordamos cuando pusieron las primeras casetas móviles, y destacaron patrullas en algunos sitios estratégicos, gasolineras y otros puntos clave. A veces duraban meses las casetas y las patrullas en esos espacios, con lo que la gente se acostumbraba a verlas allí y a contar con ellas, al rato, cuando las movían, así fuera un par de cuadras más para allá o para acá, los mismos vecinos y quienes transitaban por allí, las extrañaban. De veras, era muy notorio. Por lo menos la presencia en la gasolinera de Venustiano Carranza y Periférico, propició que durante el tiempo que estuvo allí, tranquilamente más de un año, no hubiera los tradicionales arrancones de las noches de viernes y sábados.
Ahora montan operativos que duran 48 horas… contadas… eso quiere decir que si llegaron el martes a las cuatro de la tarde, para el jueves a la misma hora las cosas habrán vuelto a la normalidad. Eso es desconocer la delincuencia, la forma de pensar y actuar. Todo el mundo sabe que los criminales operan, con preferencia, en ciertas horas, fuera de las cuales, se repliegan a sus casas o guaridas. Lo mismo pasa con el clima, a un delincuente no le gusta mojarse cuando llueve, como tampoco sentir frío cuando hiela, de por sí es difícil la chamba como para hacerla en condiciones menos que ideales. Así puestas las cosas, ¿a qué avisarles que aquí estamos por las siguientes 48 horas?, o se van a otra colonia, o se guarecen en sus domicilios, sabiendo con precisión a qué hora podrán asomarse ya sin riesgo. ¡Si hasta el cambio de turno les están avisando!
En fin, nos parece una pifia, de esas que cuestan caras, pero así prefieren gastárselas. Claro, a lo mejor cuentan con que son pocos los delincuentes que leen los periódicos, o… a lo mejor sí los leen, para ver quien cayó y porqué, y por donde anda la justicia…
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